En aquel pequeño asteroide perdido en el universo, la Rosa fue viendo el lento pasar del tiempo en soledad. Durante largos días y noches, permaneció esperando el regreso del Principito que se había ido de su lado, dejando su vida envuelta en el silencio.
Finalmente, esa espera tuvo un desenlace feliz, porque el Principito cumplió su promesa de regresar. Con emoción contenida, le explicó que había visitado seis planetas antes de aterrizar en la Tierra. En aquel mundo lejano, se hizo amigo de un aviador solitario que reparaba su avión en la aridez del desierto.
Como él la extrañaba mucho, decidió que debía volver. Por suerte, había conocido a una serpiente amarilla que poseía el poder de hacer regresar a las personas al lugar de donde vinieron. También le confesó que en la Tierra había visto un jardín con otras rosas que se le parecían; sin embargo, para su corazón, ella seguía siendo la única y especial.
:Al llegar sorpresivamente desde el cielo, el Principito miró a la Rosa con los ojos entornados y le dijo :
—Te amo.
—Yo también te amo —le respondió ella, con toda su ternura.
Evidentemente, ya no era aquella Rosa caprichosa, orgullosa y posesiva que provocó su partida. Ahora viven felices en su pequeño asteroide donde el amor es lo esencial. El Principito pasa sus días limpiando los volcanes y quitando las semillas de baobabs que brotan constantemente. A su vez, la bella Rosa le brinda su amor, perfumando el aire e iluminando cada rincón de su existencia.
Finalista XI Concurso de Relatos breves. Una flor para ti.
Creatividad Literaria. España. Junio 2026.

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