domingo, 1 de julio de 2018

Viejo amigo del ocaso

Aquel verano el anciano poeta estaba sentado en un banco del parque en una calurosa tarde que ya estaba llegando a su fin con el advenimiento del ocaso,  mientras observaba como el sol iba perdiendo su brillo ocultándose tras unos árboles, envuelto en el cielo por un majestuoso manto dorado. Este hecho fue notado por los niños que jugaban en el parque, porque era la señal inequívoca de la inminente vuelta a casa.
Los rostros de los chicos reflejaban tristeza mientras le suplicaban a sus madres permiso para quedarse un rato más. Ante la negativa de éstas, lanzaron una última mirada al sol reprochándole su huida, ansiando disfrutar de sus juegos durante una tarde eterna, pero sabían que nadie podría detener en esa tarde de verano la marcha del tiempo, ni impedir la llegada del ocaso.
Al verlos, el anciano poeta esbozó una sonrisa, pensando en que era contradictorio que esos niños detestaran tanto la llegada del ocaso, en tanto él se sentía feliz admirando el bello espectáculo de la caída de aquel sol agonizante en el firmamento. Mientras los árboles eran mecidos suavemente por una cálida brisa, las madres se llevaron a los niños de regreso, cubriéndose con un manto de silencio los ecos del bullicio que había en el parque hacía sólo unos instantes.
Cuando rápidamente emergió la luna en la incipiente oscuridad de la noche y se encendieron las farolas, comenzaron algunas jóvenes parejas a sentarse en los bancos cercanos, y entonces el anciano se alejó caminando lentamente con su bastón, pensando retornar a la tarde siguiente para volver a disfrutar de aquel maravilloso espectáculo que tanto subyugaba su alma de poeta. Era su única distracción en la soledad de su vida, antiguamente poblada de familiares y amigos, pero hoy tan sólo habitadas por recuerdos lejanos.
Mientras se retiraba del parque en ese caluroso anochecer de verano, el anciano pensaba que ya en su juventud esos chicos se reconciliarían con el ocaso, y que cuando llegaran a la vejez como él, le extenderían amablemente la mano, como si se tratase de un viejo amigo.







Seleccionado concurso literario.
Incluido en el libro: Aquel Verano.
Letras con Arte . España. Junio 2018.

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