—Sabía que vendrías —le dije emocionado. Lucía tan hermosa que olvidé el accidente. Ella intentó responder, pero la voz del mozo me despertó del hechizo:
—Disculpe, señor, ya es la madrugada y tenemos que cerrar.
Pagué la cuenta aún aturdido. Al retirarme, el mozo señaló la mesa:
—Se olvida esto, caballero.
Sobre la madera relucía el anillo que ella llevaba; el mismo que me entregaron en el hospital, todavía manchado de asfalto y ausencia.
Finalista XII Concurso de Microrrelatos. La mujer mueve al mundo.
El Mundo del Escritor. España. Abril 2026.

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