Ni el cielo que al poeta le decía
que no tendría fin su desventura,
podía hacer olvidar la ternura
que vive inmersa en su polifonía.
Ni el recuerdo que de un día a otro día
trocó su gozo en la ruda amargura,
le impedía en la noche más oscura
soñar que el alma de ella volvería.
Fue al moverse las flores con la brisa,
que envuelto en una calma inalcanzable
surgió de pronto ella con su sonrisa.
Y al verla tan cercana y deseable,
con la luna besándola sin prisa
esa esperanza fue al fin alcanzable.
Finalista X Certamen de Sonetos. Francisco Quevedo.
Letras como Espada. España. Abril 2026.

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