Cuando el cielo iniciaba
paulatinamente a descorrer el velo de aquella larga y angustiosa oscuridad, el
local aún estaba en penumbras. Al llegar la mujer que realizaba la limpieza, observó
como el brillo de la navaja sobre la mesa reflejaba tenuemente la imagen del
cuerpo sin vida del famoso escritor de historias de terror, el que se
encontraba apoyado sobre los manuscritos empapados en sangre de su autobiografía, que había concluido en esa noche junto con su vida.
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