viernes, 4 de mayo de 2018

Mi amada infiel

Luego de la trágica muerte de su dueño, una casona antigua que estaba emplazada frente a un hermoso parque de la ciudad quedó abandonada y después de pasar bastante tiempo y al no haber herederos que la reclamara, el Municipio tomó posesión de ella. Posteriormente la remodeló a nuevo para utilizarla para eventos artísticos y exposiciones, aprovechando sus amplias comodidades y su privilegiada  ubicación.
Esa tarde se realizaba en esa casona una importante muestra de pinturas y colgados sobre las paredes del salón se exponían cuadros de numerosas obras antiguas y modernas. A un afamado perito experto en pinturas que estaba visitando la exposición, esas obras le causaban un profundo interés, y luego de gozar de la contemplación de los cuadros, consultaba un libro que estaba depositado sobre la mesa de la exposición en el centro del salón, donde se describían las obras y se detallaban los antecedentes de los pintores.
Durante largo tiempo el hombre estuvo observando cuidadosamente cada una de las pinturas, sin darse cuenta que las horas transcurrieron rápidas y silenciosas y ya  en el anochecer se fue produciendo cierta oscuridad en el salón, lo que hizo necesario encender la iluminación artificial. Entonces la luz le dio un nuevo panorama a toda la exposición y en una pared de un costado del salón, emplazado justo frente a una amplia ventana, vio un cuadro que con la luz natural hasta entonces no le había prestado suficiente atención.
El retrato se denominaba “Mi amada infiel”, y era una extraña pintura de característica surrealista que representaba a una mujer en colores intensos y abstractos, como si esa fuera la manera que el pintor tuvo para expresar sus emociones. El rostro, los brazos, el seno y las puntas de sus cabellos, de diversas tonalidades contrastantes, pendían de una sombra vaga y profunda, provocada por la luz de una ventana que servía a la vez de fondo de la imagen. Al acercarse al cuadro, notó que en ese fondo había unas manchas raras de un color marrón rojizo, que parecían rastros de sangre que se hubieran fijado allí y perdurado con el paso del tiempo. Luego de contemplarlas más detalladamente, no le era posible dudar aun cuando lo hubiese querido, porque esas manchas eran realmente de sangre. 
El experto no lograba entender que era lo que había querido expresar el pintor en el lienzo y abismado en estas reflexiones permaneció largo tiempo con los ojos fijos en ese extraño cuadro. Aquella misteriosa pintura que al principio lo hicieron estremecer, acabó finalmente por subyugarlo, porque había zonas ocultas en su interior, fuerzas en movimiento que no se dejaban reconocer fácilmente. Sin embargo con su capacidad de análisis y experiencia pictórica, poco a poco comenzó a desentrañar lo que habría querido expresar el pintor en su creación.
Indudablemente el cuadro había sido confeccionado en dos etapas bien definidas. La configuración del bosquejo, delineamiento y esbozo pictórico inicial eran normales, pero luego se produjo aparentemente un abrupto quiebre en su elaboración. Por el título del cuadro, el experto pensó que posiblemente en un momento dado el pintor le habría reprochado a su amante alguna infidelidad y ella enojada dejó de posar ante él. A partir de ese momento el pintor habría ido elaborando su obra con una visión irreal de su amada, sustentada en colores, tonalidades y sombras profundas. Parecía como si inmerso en una gran desesperación, quiso descargar en esos nuevos matices de su pintura toda la angustia que inundaba su alma, completándola tal como la veía a ella en su propia imaginación.
Satisfecho por todas esas deducciones, trató de comprobarlas teniendo en cuenta la situación y la circunstancia que originaron su creación. Lleno de intriga, fue rápidamente a la mesa y se apoderó ansiosamente del volumen que contenía la descripción de los cuadros. Entonces leyó que el cuadro “Mi amada infiel” fue pintado frente a la ventana donde estaba expuesto, por el último dueño de la casona, en este mismo salón que era su atelier de pintura. Fue confeccionado en la noche de su suicidio y representaba la bella mujer que amaba. 
Se informaba que esa noche después de finalizar y rubricar su obra, el pintor aferró con vigor la empuñadura de una filosa navaja y luego de cortarse la yugular, abrazó con el último aliento a ese cuadro, manchándolo con su sangre. Cuando la mucama llegó a la casona al día siguiente, encontró en el atelier en penumbras el cuerpo sin vida del pintor apoyado en la mesa sobre el lienzo ensangrentado, acompañado del cuerpo lacerado de su amada, que yacía postrado junto a la ventana. 









Seleccionado III Convocatoria Literaria de Relatos.
Publicado Revista La Sirena Varada. Mexico. Mayo 2018.

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