miércoles, 20 de diciembre de 2017

El tango y su chamuyo

Al viejo arrabalero el tango lo envolvía en el aire de su querido Buenos Aires y la melodía del bandoneón lo subyugaba acompañado con la letra de cada canción. Esos tangos cobijaban su soledad que lo llevaban por las calles de sus años de juventud, añorando aquel chamuyo con tintes lunfardos en las esquinas, con olor a malvones y glicinas, entre el barro, los yuyos y el zanjón. Las prosas lunfas inundaban su alma y en sus oídos siempre estaba sonando alguna vieja canción.
Un día, tomando una copita de ginebra en un mostrador de un bar de San Telmo, inmerso de esos aires tangueros lunfardos, atracó a una joven chirusa sentada a su lado, y su mejor musa le deschavó.
― Hola pebeta que estás solitaria inmersa en este perfume de arrabal. 
Pero cuando luego prosiguió con unas estrofas inspiradas en su labia lunfarda, notó un dejo de desdén en su cara, y al hacer una pausa, ella le dijo con una sonrisa:
― Por favor cállese ¿No se da cuenta que Ud. es un versero caduco? 
Entonces, pensó que a esa percanta seguramente le encantarían las rimas románticas, cándidas y estructuradas y que él le parecería un mersa, o un trovador de perfil muy bajo. Y como le dio mucha rabia le replicó: 
Pebeta, manyá un tango de mi flor y verás como con el lunfa se chamuya poesía. 
Fue allí cuando ella le retrucó muy divertida. 
Yo tengo mucha onda por esos versos, porque en mi corazón late un bandoneón, pero no soy chicata y le dije versero caduco, no por su chamuyo en lunfa, sino porque Ud. es un jovato cachuzo. Le aclaro además que estoy esperando a mi gavión, que es muy celoso. 
Entonces, luego de escucharla, el viejo arrabalero vació rápidamente la copita de ginebra en su boca, pagó la cuenta, y sin decir palabras, metió violín en bolsa, y se piantó del bar silbando bajito.

 











Diploma de mérito. XIII Certamen de cuentos.
Centro Cultural del Tango Zona Norte. 
San Isidro. Buenos Aires. Argentina. Diciembre 2017.

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