viernes, 1 de diciembre de 2017

El incendio de la mansión

Luego de todo lo sucedido, al despertarse en esa mañana frente al terrible espectáculo de su mansión incendiada, se sentó tranquilamente sobre el tronco seco de un árbol, porque ahora sólo le restaba esperar y lo sabía. Recordaba como en la noche anterior, las llamas de aquel enorme toldo se propagaban rápidamente por toda la casa. El fuego, aquí o allá, trataba de ser contenido y las escaramuzas se convertían luego en batallas. Los bomberos en titánica lucha, con sus autobombas levantaban escaleras que eran como enormes corceles, que habiendo expuesto los cuellos al enemigo, libraban enfurecidos la batalla.
Pero nada podían hacer ante el avance avasallante del fuego y veía como las defensas que enfrentaban al ataque se desplomaban, una a una, hasta que una piedra impactó en su cabeza en el escondite donde se encontraba, y se despertó del desmayo, recién cuando las sombras comenzaron a ser disipadas  por las tenues luces del amanecer.
Su mente empezó a recordar aquellos momentos efímeros de felicidad, cuando ella, una ardiente adolescente y él un próspero comerciante, se amaron con pasión, pero luego de casarse, ella se convirtió en un ser egoísta y con afán de figurar. Aquel amor pasional de su juventud que tanto había embargado su corazón, poco a poco, se fue desgarrando en profundas y lacerantes heridas, hasta que al descubrir todo aquello no pudo tolerarlo más.
Y recordó aquella reunión en el parque de la mansión con mujeres vestidas con atrevidos y pomposos vestidos. En todas partes había sirvientes, levantando ese gigantesco toldo en lo alto, porque la gran dama había querido dar la fiesta de esa noche bajo un jardín cubierto. Fue allí, cuando al enterarse de su infidelidad  la mató y luego, en su desesperación incendió aquel toldo, tratando vanamente de encubrir el asesinato.
Al poco tiempo, dos fornidos policías se le acercaron corriendo y gritando: “¡Acá está! … ¡Es él!”,  lo aferraron firmemente, diciéndole que se ponga de pie. Con sus fuertes manos apretadas en su nuca ya no devolverían a su presa y se lo llevaron esposado, golpeando su cabeza de vez en cuando. En tanto él intentaba olvidar todo aquello sin poder lograrlo. En su mente veía como los  siniestros gritos de dolor, el rostro sin vida de su mujer y el charco de sangre sobre el piso, seguían surgiendo permanentemente desde las llamas de aquel horrible incendio de la mansión.











Finalista Certamen literario de Relatos de Fuego. 
Incluido en el libro Antología Fuego.
Palabras en Flor. España. Noviembre 2017.

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