miércoles, 21 de enero de 2026

Alucinación minera

El joven minero fue al sanatorio a ver a su abuelo que mientras agonizaba y con la mirada perdida, balbuceaba con cariño el nombre del demonio del Tío, un ser alucinante de las minas bolivianas. El médico le comentó que estaba agradecido con él, porque siempre lo había protegido en su vida de minero.

Pensó que seguramente lo había protegido porque era tan avaro y repudiable como ese demonio. Entonces, tomó sin ser visto las llaves que su abuelo tenía en el bolso y se dirigió a la casa donde vivía, para robarle el dinero que sabía tenía escondido tras los libros de una estantería.

Al otro día, fue a trabajar como siempre a unas galerías enclavadas en las montañas bolivianas, y comenzó a accionar el barreno de la perforadora entre la penumbra y la dura roca. De pronto, al percibir la presencia de alguien detrás suyo detuvo la perforadora, y al volverse, allí estaba el demonio del Tío, quien lo miraba con ojos malignos.

Fue en ese mismo momento que el ruido ensordecedor producido por las descargas de dinamita en una galería lejana, produjeron en la mina desprendimientos de las rocas del techo, que cayeron sobre su cuerpo causándole una muerte instantánea. Pero sus restos, por más que lo buscaron, no aparecieron nunca más. Dicen los mineros que su cadáver seguramente había sido transportado hacia el infierno por los caballos de la muerte conducidos por el Tío.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Literatura fantástica.

Incluido en el libro: Donde comienza la niebla

Creatividad Literaria. España. Enero 2026.

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