El pintor caminaba por un sendero del parque, disfrutando de una mañana de sol. Al ver un muro medianero del parque que lindaba con un predio privado, pensó en realizar sobre el mismo un mural, que reflejara ese hermoso paisaje que lo rodeaba.
Entonces, puso mano a la obra buscando atrapar cada detalle con el arte de su pintura y luego de realizar un arduo trabajo, el mural estaba casi terminado en el atardecer. Pero el pintor se sentía insatisfecho, porque sentía que le faltaba algún detalle en el cielo para concluir su obra. Estaba tan absorbido en ese tema, que tardó en notar que la tarde se había oscurecido rápidamente con enormes nubarrones, preludio de un chaparrón en ciernes.
Miró con rabia hacia arriba, pensando que la lluvia afectaría al mural, porque aún no se habían secado las pinturas. Al caer las primeras gotas incipientes, levantó apresuradamente los elementos que había utilizado y fue a guarecerse en una glorieta del parque, bajo la lluvia que arreciaba paulatinamente.
Sin embargo, el chaparrón amainó en poco tiempo, transformándose en una fina llovizna, y al cesar ésta, el pintor se dirigió apenado a verificar los daños que se habrían producido en su mural. Pero al llegar, quedó asombrado al ver que al deslizarse algunos colores del paisaje, se había creado mágicamente un hermoso arco iris, como el que en ese preciso instante acababa de aparecer en el cielo. Era como si con esa lluvia, el cielo lo hubiese querido ayudar a concluir su magnífica obra.
Finalista IX Concurso de Cuentos breves. Lluvia de abril.
Incluido en el libro: Aguas celestes.
Creatividad Literaria. España. Mayo 2024.
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