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viernes, 28 de agosto de 2026

Partir sin destino

¿Cuándo nos convertimos en extraños bajo el mismo techo? Tras la muerte de mi madre, la casa se volvió insoportable; las miradas me seguían con recelo. Me fui de repente, con una mochila pequeña que contenía mi universo. Mis hermanos me observaban desde la puerta con un silencio acusador, reprochando mi huida.

Ahora me encuentro indefenso, como un huérfano en un páramo. Mis piernas tiemblan, y no es por el frío, sino por el peso de lo dejado atrás. Sin embargo, me niego a mirar con amargura. Elijo esta brisa y este sol, este instante que, aunque fugaz, por fin me pertenece. En mi infancia, el presente era un estado de gracia donde el tiempo no corría. Hoy su velocidad me abruma, pero entiendo que ahora soy yo quien timonea mi propio destino.

Añoro la protección de los brazos maternos, cuando la vida avanzaba por felices carriles. Pero hoy, aunque el desamparo me empuja a pedalear sin descanso en una carrera alocada hacia ninguna parte, decido bajarme de la bicicleta. Me siento en un banco del parque para dar reposo a mi cuerpo maltrecho y elijo este paréntesis de paz para reunir los pedazos de quien soy ahora.

Mi espalda se funde con el banco y, por primera vez, la incertidumbre ya no me aterra. No tengo todas las respuestas, pero el viento que antes me arrastraba ahora parece impulsarme con suavidad. Ya no me siento una pluma a la deriva, sino una semilla que, tras la tormenta, busca un suelo nuevo donde volver a florecer.












Finalista XI Concurso de Cuentos breves. Viajes.

Incluido en el libro: Justo a su lado.

Creatividad Literaria. España. Agosto 2026.

miércoles, 22 de julio de 2026

Héroe de azotea

En la Ciudad, el aire acondicionado solo se nota cuando falta. Para el joven ingeniero recién graduado, era una partitura en armonía; su campo de batalla eran los equipos y los conductos que serpentean como venas en los edificios.

Durante una ola de calor histórica, con el asfalto derritiendo suelas y ánimos, recibió una alerta crítica: el sistema de refrigeración de un Hospital del la Ciudad estaba al límite. Si los servidores se sobrecalentaban, se perderían historias clínicas y el monitoreo en tiempo real de terapia intensiva. Era su primer gran desafío.

Subió a la terraza al mediodía, bajo un sol intenso que quemaba la piel. Detectó una falla en el control de los equipos por el deterioro de un sensor. El sudor le nublaba la vista y no lo dejaba trabajar normalmente, pero debía seguir, porque sabía que del éxito de su tarea, dependía que los médicos pudieran salvar vidas.

Recalibró presiones, limpió filtros y reconfiguró el sistema. Cuando el sonido de los compresores se estabilizó y el aire frío volvió a circular normalmente, bajó de la azotea completamente agotado, pero feliz. Nadie supo que, gracias a este héroe anónimo, las máquinas seguían funcionando.

Esa noche, en el silencio de su hogar, sintió la brisa fresca de su living. Sonrió al saber que en el hospital los monitores seguían marcando los latidos de los corazones.













Finalista XI Concurso de Cuento breve. Héroes cotidianos.

Incluido en el libro: Cuando va muriendo el día.

Creatividad Literaria. España. Julio 2026.

jueves, 25 de junio de 2026

El regreso del principito

En aquel pequeño asteroide perdido en el universo, la Rosa fue viendo el lento pasar del tiempo en soledad. Durante largos días y noches, permaneció esperando el regreso del Principito que se había ido de su lado, dejando su vida envuelta en el silencio.

Finalmente, esa espera tuvo un desenlace feliz, porque el Principito cumplió su promesa de regresar. Con emoción contenida, le explicó que había visitado seis planetas antes de aterrizar en la Tierra. En aquel mundo lejano, se hizo amigo de un aviador solitario que reparaba su avión en la aridez del desierto.

Como él la extrañaba mucho, decidió que debía volver. Por suerte, había conocido a una serpiente amarilla que poseía el poder de hacer regresar a las personas al lugar de donde vinieron. También le confesó que en la Tierra había visto un jardín con otras rosas que se le parecían; sin embargo, para su corazón, ella seguía siendo la única y especial.

Al llegar sorpresivamente desde el cielo, el Principito miró a la Rosa con los ojos entornados y le dijo :

—Te amo.

—Yo también te amo —le respondió ella, con toda su ternura.

Evidentemente, ya no era aquella Rosa caprichosa, orgullosa y posesiva que provocó su partida. Ahora viven felices en su pequeño asteroide donde el amor es lo esencial. El Principito pasa sus días limpiando los volcanes y quitando las semillas de baobabs que brotan constantemente. A su vez, la bella Rosa le brinda su amor, perfumando el aire e iluminando cada rincón de su existencia.












Finalista XI Concurso de Relatos breves. Una flor para ti.

Incluido en el libro: He pensado en ti.

Creatividad Literaria. España. Junio 2026.


 

martes, 2 de junio de 2026

Lluvia de espinas

Era un día de frío polar y lluvia torrencial. Un hombre rubio, como la mayoría en ese país, la esperaba en la recepción. Al entrar a la sala vio a su hija: su tez y su pelo oscuro se destacaban como una sombra familiar en medio de tanta blancura.

La niña no sabía que ella era su madre. Se le acercó y con sus pequeños dedos tocó su vestido, mientras le hacía una pregunta en un idioma que ella no conocía. “¡Qué bonita es!”, pensó, pero no supo qué contestarle; sus palabras le habían sonado extrañas en ese mundo en que su hija ahora vivía. La niña ignoró su silencio y volvió a jugar con su muñeca, ajena al abismo que las separaba.

Con un nudo en la garganta entró al despacho. Mientras firmaba ante la jueza, hizo un esfuerzo sobrehumano para no quebrarse. Pensó que ella habría sido una buena madre de no haber nacido en una tierra devorada por miseria y las guerras fratricidas.

Ellos tenían el dinero y la paz que no podría darle. Los vio abrazarse y, al observar cómo la mujer le acomodaba el abrigo a la niña con tanta ternura, supo que con ellos sería feliz. Se retiró de inmediato. Buscó a su hija con la mirada por última vez; la niña la miró al pasar, sin dejar de jugar, y ella estaba tan angustiada que ni siquiera pudo regalarle una sonrisa.

Al salir a buscar el taxi hacia el aeropuerto, sus lágrimas se mezclaron con las heladas gotas de lluvia, que parecía que se les clavaban en su frente como filosas espinas.













Finalista XI Concurso de Cuentos breves. Lluvia de abril.

Incluido en el libro: Lluvia de incomprensión. 

Creatividad Literaria. España. Junio 2026.

martes, 21 de abril de 2026

Los dos delfines

Navegábamos surcando el viento con la vela mayor. Alrededor no había más que agua, nubes y un delfín que dibujaba su lomo cada vez que se acercaba a curiosear. Nos seguía de cerca: asomaba la nariz por la popa y se zambullía hacia babor en un juego de figuras incesantes.

Él se inclinaba sobre la borda para hablarle; parecía entenderse con el animal. Bajaba la cabeza hasta que la distancia entre ambos era mínima. Sin embargo, no era de mí de quien hablaba. Me alarmó escuchar el nombre de otra mujer, aunque debo confesar que, antes de zarpar, ya sabía que mis días estaban contados; para él, yo solo era una aventura fugaz.

Escuché cómo le contaba al delfín que, al llegar al muelle, lo esperaba un encuentro amoroso. El animal empezó a alejarse despacio y él, ansioso, se inclinó aún más. Colgado de la baranda, intentaba asirlo, pero el delfín le rehuía, jugando a dejarse ver sin dejarse atrapar.

En ese instante decidí que él era mío y que esa otra nunca lo tendría. Lo empujé. El delfín huyó espantado ante el estruendo del cuerpo golpeando el agua. Tras unos minutos, la espuma del chapuzón se desvaneció. Ni el rastro de un lomo ni su figura volvieron a quebrar la superficie.

Tomé el timón con la certeza de que nada sería igual. Ahora, dicen que en las noches de luna llena se ve a dos delfines navegando juntos en el lugar.













Finalista XI Concurso de Cuentos breves. Surcando el viento.

Incluido en el libro: Libre.

Creatividad Literaria. España. Abril 2026.

miércoles, 21 de enero de 2026

Alucinación minera

El joven minero fue al sanatorio a ver a su abuelo que mientras agonizaba y con la mirada perdida, balbuceaba con cariño el nombre del demonio del Tío, un ser alucinante de las minas bolivianas. El médico le comentó que estaba agradecido con él, porque siempre lo había protegido en su vida de minero.

Pensó que seguramente lo había protegido porque era tan avaro y repudiable como ese demonio. Entonces, tomó sin ser visto las llaves que su abuelo tenía en el bolso y se dirigió a la casa donde vivía, para robarle el dinero que sabía tenía escondido tras los libros de una estantería.

Al otro día, fue a trabajar como siempre a unas galerías enclavadas en las montañas bolivianas, y comenzó a accionar el barreno de la perforadora entre la penumbra y la dura roca. De pronto, al percibir la presencia de alguien detrás suyo detuvo la perforadora, y al volverse, allí estaba el demonio del Tío, quien lo miraba con ojos malignos.

Fue en ese mismo momento que el ruido ensordecedor producido por las descargas de dinamita en una galería lejana, produjeron en la mina desprendimientos de las rocas del techo, que cayeron sobre su cuerpo causándole una muerte instantánea. Pero sus restos, por más que lo buscaron, no aparecieron nunca más. Dicen los mineros que su cadáver seguramente había sido transportado hacia el infierno por los caballos de la muerte conducidos por el Tío.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Literatura fantástica.

Incluido en el libro: Donde comienza la niebla

Creatividad Literaria. España. Enero 2026.

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Desencuentro

El padre estaba tomando un café sentado en una mesa del bar, cuando vio por el espejo del mostrador entrar a su hijo con el pelo mojado en ese día de lluvia torrencial, chapoteando y tiritando de frío. Estaba seguro que su hijo no sabía que él era su padre.

El hijo se acercó a su padre y con sus dedos crispados le tocó suavemente el hombro y le dijo “hola” con voz entrecortada. Mientras pedía al barman un café y el juego de ajedrez con un reloj, lo invitó a sentarse en una mesa para jugar con él, comentándole escuetamente sobre las inclemencias del tiempo. Estaba seguro que su padre no sabía que él era su hijo.

Como ocurría siempre que se encontraban en ese bar para jugar al ajedrez, no sabían que decirse y mientras disputaban apasionadamente la partida, ambos respetaban el silencio. Bien podría alguno de ellos haber revelado al otro el secreto, pero siempre se les hacía un nudo en la garganta. Luego que finalizó la partida, el hijo se despidió con un “adiós”.

Antes de salir del bar, el hijo observó en el espejo del mostrador la imagen abatida del rostro barbudo de su padre con su frente surcada de arrugas, que estaba sentado en la mesa junto a las piezas de ajedrez dispersas sobre el tablero. A su vez, el padre divisó el rostro apesadumbrado de su hijo saliendo del bar bajo la intensa lluvia.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Embrujados.

Incluido en el libro: Secretos.

Creatividad Literaria. España. Diciembre 2025.

viernes, 28 de noviembre de 2025

Lucha revolucionaria

A los dieciséis años, un joven sin muchas luces luchaba en el colegio secundario contra los exámenes. Un día, aprovechando que su madre lo había mandado a realizar unas compras en el supermercado, llevó unas obleas con consignas para ir pegándolas durante el trayecto.

Estaba en esa tarea, cuando se le acercó un hombre bien vestido, quien se presentó como un político revolucionario, que estaba buscando jóvenes seguidores que apoyaran su causa.

Usted es la persona que necesito porque tiene el aspecto de líder juvenil con espíritu de conducción y sacrificio, ya que es tiempo de luchar para cambiar este sistema corrupto por una sociedad más justa y equitativa.

Ese discurso sonaba como una melodía sublime en los oídos del muchacho y entonces le contestó que estaba dispuesto a unirse para concretar esos ideales.

Me gusta mucho su actitud de colaboración,— y luego de una larga charla, lo encaró de frente y mirándolo fijamente le dijo:

Necesitaría algo de dinero. Lo tomaría a modo de adelanto para la causa.

El joven tragó saliva ante ese sorpresivo pedido y temblorosamente extrajo los billetes que le había dado su madre.

Lo convocaré en el lugar y momento en que la lucha revolucionaria lo necesite—, le dijo con una sonrisa de gratitud, mientas se alejaba apresuradamente.

El joven sonrió muy feliz y esperanzado, tomando el camino de regreso a su casa sin haber efectuado la compra. Ni por asomo sospechaba el disgusto que tendría luego, por la reprimenda de su madre.












Finalista X Concurso de Cuento breve. Tiempos de otoño.

Incluido en el libro: Sueños sin tiempo.

Creatividad Literaria. España. Noviembre 2025.

jueves, 30 de octubre de 2025

Máscara de amor

En su niñez, el corso estaba justo frente a la puerta de su casa y en ese día de carnaval tenía el sueño de convertirse en una adolescente. Estaba perdidamente enamorada de un chico compañero de la escuela, que siempre la había mirado indiferente y la trataba como si fuera un amiguito más.

A ella nunca la habían disfrazado y entonces, a escondidas de su madre, se pintó la boca y se pasó maquillaje de color por las mejillas. La ansiedad le carcomía el alma y cuando pensó que era el momento, se desvistió y salió al corso con sólo el antifaz. Corrió desnuda y bailó por la vereda entre las serpentinas y el papel picado. La alegría de la gente la sorprendió y comenzó a sentir que la invadía el inmenso júbilo de la fiesta del carnaval, aunque tenía una ansiedad secreta en el fondo de su alma.

Y después de un rato ocurrió lo que deseaba. El compañero de escuela se le paró enfrente completamente sorprendido y al reconocerla, con una mezcla de picardía y sensualidad le llenó el pelo de papel picado y por un momento, permanecieron quietos mirándose, sonriendo y sin hablar. Fue en ese preciso instante que ella, una niña de sólo doce años, en medio de los gritos desesperados de su madre salió arrastrada del corso y fue encerrada en su casa durante el resto de la noche.

Pero a ella eso poco le importaba, porque tenía una felicidad inmensa en el fondo de su alma. Había sentido por primera vez en su vida, que tras esa máscara, su príncipe azul la había reconocido como mujer.












Finalista XI Concurso de Cuento breve. Amor, amor.

Incluido en el libro: La calidez de un abrazo.

Creatividad Literaria. Espada. España. Octubre 2025.


viernes, 19 de septiembre de 2025

El halcón y su presa

Poco me importa lo que me reprocha la gente por todo lo que pasó. Me decían que era imposible, que ella navegar nunca querría y jamás se fijaría en mí. Pero yo la observé, la elegí, la seguí, la perseguí y la cerqué, como un halcón a su presa. Dijeron que jamás se fijaría en mí, pero este halcón con su hermoso velero la atrapó.

Y navegamos de puerto en puerto, de río en mar. Tomamos cerveza fresca en las templadas aguas del río y un tenue vino tinto, en las frías aguas del mar. Nos amábamos en las noches acurrucados en el camarote y nos revolcábamos en las tardes sobre la cubierta, bajo el sol.

Como podría entender la gente que con el tiempo se calmó su ardor. Que mi presa paso a ser solo una copa de agua y en los puertos el halcón tenía mucha sed. Cuando me marchaba, ella lloraba sola con su pena. ¿Qué me puede reprochar la gente? si yo era un halcón.

Pero al volver un día con unas copas de whisky demás, tropecé y caí al piso. Ella enojada me dijo "borracho", y yo sonriendo me puse de pie. Luego al gritarme "mujeriego", le contesté que alguna pudo haber, pero solo ella era mi mujer.

Y cuando me dijo "hijo de puta", con mi mano tomé su nuca con fuerza y quise golpear su cabeza aquella vez. Como fue que me contuve, solo yo lo puedo entender. Le dije que mi madre no era puta y no la habría de ofender. Todo eso le dije..., el día que se fue.

¿Qué me puede reprochar la gente? si yo era un halcón. Pero ahora sufro su ausencia, y sé que a esa presa, el halcón ya no la volverá a ver.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Junto al mar.

Incluido en el libro: Inescrutable mar.

Creatividad Literaria. España. Septiembre 2025.


martes, 26 de agosto de 2025

Viaje mortal

La ambulancia devoraba metros por la autopista en una loca carrera contra la muerte. El sonido de la sirena era como una fuerza poderosa. La mujer que acompañaba al conductor estaba desesperada. Su marido luchaba por su vida. Llegar a tiempo al hospital era lo único que podía salvarlo. Lo que más quería esa mujer en este mundo se encontraba en esa ambulancia. Ella sabía con certeza que estaba a punto de perderlo. Los tres años que habían estado casados habían sido los mejores de su existencia.

De pronto reventó un neumático. El conductor de la ambulancia maniobró temerariamente y volcó. Ella se tapó la cara tratando inútilmente de evitar los golpes. Los noticieros de la noche no paraban de repetir la noticia. Una mujer y el conductor de la ambulancia habían fallecido en un accidente en la autopista . Mientras tanto el marido de la mujer luchaba por su vida en el hospital.

El hombre tenía la mente en blanco. Hacía unos días que le habían dado de alta. Esa mañana se cumplía un mes de aquellos terribles acontecimientos. Se forzó a salir del entumecimiento. Cada vez que lo hacía, el recuerdo de su esposa volvía con intensidad. Miró hacia afuera. Era un día gris como su ánimo. Pensó en su mujer y un dolor agudo lo atravesó al recordar cómo había muerto. Observó el departamento que tanto les había costado comprar. Estaba impregnado de ella. Miró el reloj. Era hora de partir. Debía ir a su encuentro para ponerle una flor en su tumba como muestra de su amor.












Finalista XI Concurso de Cuentos breves . Viajes.

Incluido en el libro: Viaje repentino.

Creatividad Literaria. España. Agosto 2025. 

lunes, 23 de junio de 2025

El trasluz del cristal

En el living de mi casa, envuelto en mi mundo de soledad, degustando un vino bien añejado, busco entre la realidad y la fantasía rescatar recuerdos felices entre las cenizas del pasado. Y cuando la melancolía asoma en mi mente, entre su sabor y suave perfume, voy al encuentro de aquellos días de mi juventud.

Y mientras paladeo lentamente el vino, surge en la copa de cristal la imagen de ella, con el recuerdo de aquellos instantes de placer y de inagotables noches de amor. Pero cuando en el horizonte de mi alma desaparece ella en la copa vacía, siento como que me clavan espinas en el corazón, estremecido por una ráfaga fría.

Entonces, vuelvo a llenar la copa, para así tratar de resucitar el regocijo de aquellos recuerdos. Y mientras el vino vuelve a fluir en mi, otra vez siento renacer la felicidad al ver como ella regresa resplandeciente en el trasluz del cristal. Pero en el fondo de mi alma el dolor vuelve hacerse presente, cuando la muerte vuelve a resurgir en la copa vacía, con la imagen de mi amada ausente.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Una flor para ti.

Incluido en el libro: Es el mejor momento.

Creatividad Literaria. España. Junio 2025.

miércoles, 28 de mayo de 2025

Llueve en la ruta

Llueve y hace frio en la ruta y su pequeño hijo esta temblando. Entonces piensa que es hora de alejarse, porque seguramente nadie va a parar a socorrerlos con este tiempo. Él no va a volver a recogerlos y debe buscar cobijo antes que anochezca.

—¿Cómo ha podido hacerme esto?—, se pregunta.

Él la quería mucho y convivían como una familia feliz. Pero con el tiempo se fue dando cuenta de que aquel vínculo cariñoso, poco a poco se estaba deteriorando.

En un momento dado comenzó a prestarle menos atención, a no salir con ella tan a menudo y a pasar las noches fuera de la casa. Ella no entendía nada, hasta que un día comenzó a averiguar lo que pasaba. Así descubrió que una malvada mujer que había entrado en su vida, buscaba por todos los medios que el cariño que él le tenía comenzara a deteriorarse. Al poco tiempo, ella quedó embarazada y pensó que esa circunstancia afianzaría nuevamente su relación. Sin embargo ello no ocurrió, porque ese hecho exacerbó aún más el odio que esa mujer tenía por ella.

De pronto, un auto que pasa por la ruta los salpica al pasar y frena a unos metros. Luego, al ver que da marcha atrás para acercase a donde ella se encuentra, protege temerosa a su pequeño. Pero su miedo se convierte en alegría cuando escucha a un niño pequeño que baja sonriendo:

— ¡Mirá mamá que suerte que tenemos. Encontramos a una perrita abandonada con su cachorrito!












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Lluvia de abril.

Incluido en el libro: Como la lluvia. 

Creatividad Literaria. España. Mayo 2025.

martes, 6 de mayo de 2025

Desierto ventoso

Me encontraba perdido y desorientado bajo los rayos de un sol radiante, en medio de las arenas ardientes de un inmenso desierto, cuando la sed y el calor comenzaron a aquejarme. Por suerte, percibía sobre mi cuerpo algunas ráfagas de viento fresco que me calmaban del calor, pero la sed seguía acuciándome intensamente.

En esa situación angustiante divisé a lo lejos un oasis, donde seguramente encontraría el reparo del sol y abundante agua para saciar la sed. Pero cuando quise encaminarme hacia allí, desapareció en forma misteriosa de mi vista. Evidentemente había sido un espejismo en ese terrible desierto de arena en que me encontraba.

De pronto, comencé a sentir que las ráfagas de viento se iban haciendo paulatinamente más y más frías, hasta que finalmente me desperté desnudo en la fresca madrugada, sediento y tiritando de frío sobre las sábanas revueltas de la cama.

Al abrir los ojos, la imagen familiar del dormitorio cobró vida y entonces me levanté como un resorte para apagar el ventilador y cerrar la ventana. Luego me dirigí rápidamente hacia la cocina para calmar la sed con un vaso de agua. Esa pesadilla que tuve en esa noche calurosa de verano me había dejado maltrecho.













X Concurso de Cuentos breves. Surcando el viento.

Incluido en el libro: Desesperado lamento

Creatividad Literaria. España. Abril 2025.

jueves, 27 de marzo de 2025

Amor eterno e inmortal

Cuando ya empieza a descorrerse el velo de la larga y estrellada noche, el sol emerge en el horizonte azulado de la mar. Radiante y feliz, en un bello rito, el sol danza con la mar en una sensual melodía de amor. Y sobre esas aguas agitadas, inunda con su luz las hermosas tonalidades azules de sus oleajes.

¿Es que la mar desea desnudarse ante el sol para mostrar su majestuosa grandeza o es que el sol quiere que la mar le devele el mágico secreto de sus legendarias sirenas?

Pero no todo es amor platónico. Muchas veces ambos se apasionan y se atraen en una exaltada búsqueda, con un fogoso juego erótico de voluptuoso frenesí. Y en ese mágico arrebato, el sol eyacula su ardiente luz plateada sobre los festones de espuma de las olas de la mar.

Recién al llegar el crepúsculo, el sol comienza a bajar sus rayos, emitiendo unos dorados espejos que enrojecen los colores del cielo. Y cuando el ocaso empieza a ser noche, como una gigantesca bola de fuego inicia su agónico descenso y desaparece en el horizonte de la mar. Y con la muerte del sol, el cielo estrellado se disuelve en un baño de luna que ilumina durante la noche la inmensa pena de la mar, disuelta en su vasta salinidad.

Pero en ese perpetuo y misterioso abismo de luz y oscuridad, en el alba, el sol renace milagrosamente en el horizonte azulado con una aureola de miles de reflejos. Y durante el nuevo día vuelve a amar a esa mar apasionada, en una trama de tiempo eterna e inmortal.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. Historias de amor.

Incluido en el libro: La presión de la memoria. 

Creatividad Literaria. España. Marzo 2025. 

viernes, 28 de febrero de 2025

Los colores del invierno

Todos los días el niño debía atravesar un inmenso parque arbolado para llegar al puesto donde colaboraba repartiendo diarios, a fin de ayudar al sustento de su madre. En esa mañana lluviosa y fría de principios de invierno el parque estaba vacío y esa soledad teñida de gris rodeaba la tristeza de su vida.

Como lo hacía habitualmente, se detuvo a mirar bajo una persistente llovizna, la figura de una mujer con los brazos extendidos como pidiendo ayuda al cielo, que estaba tallada en un enorme tronco de un árbol seco, y que al niño le parecía que representaba la imagen de su madre.

Pero al reiniciar nuevamente su marcha, de repente cesó la lluvia, y al apartarse las nubes, comenzó a asomar el sol por entre las pocas hojas raídas y desgastadas que todavía pendían de los árboles. Entonces detuvo sus pasos sorprendido, observando como comenzaban a aparecer en el cielo los colores del arco iris.

Los senderos serpenteados del parque que antes se habían mostrado oscuros e intrincados, aparecían ahora como por un encanto, iluminados y majestuosos, mientras comenzaban a escucharse los alegres cantos de los pájaros. Las hojas secas caídas en el suelo se despertaban de su letargo y se cubrían de colores, en tanto aquella figura de madera se impregnaba de belleza, al ser iluminada por la luz del sol.

Y en esos momentos de fascinación, era como si la vida del niño también hubiese escapado milagrosamente de ese gris invierno, donde había estado sumergido hacía solo unos instantes.












Finalista X Concurso de Cuentos breves. El color del invierno.

Incluido en el libro: La piel de febrero.

Creatividad Literaria. España. Febrero 2025.