La naturaleza maravillosa
regaló en Iguazú unas cataratas,
que al mundo lo asombra como un coloso
e invita a hacer un viaje muy hermoso.
Nutre su cauce un río majestuoso,
y cuando el sol se filtra tras la bruma,
teje una luz de nácar y de fuego
en la lechosa espuma de sus aguas.
El río rompe en nubes vaporosas
y se lanza en un ruidoso torrente,
que cae en remolino entre las rocas,
a un hondo abismo que le da cobijo.
Del profundo foso saltan mil perlas
fundidas con las aguas despeñadas,
que generosas fecundan el suelo
buscando el reposo en un mar lejano.
Al caer la noche se calma el bosque,
los pájaros cesan sus dulces trinos,
y mágicamente surge la luna
que brilla con el rugir del silencio.
Finalista XI Concurso de Poesías. Viajes.
Creatividad Literaria. España. Agosto 2026.

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