¿Cuándo nos convertimos en extraños bajo el mismo techo? Tras la muerte de mi madre, la casa se volvió insoportable; las miradas me seguían con recelo. Me fui de repente, con una mochila pequeña que contenía mi universo. Mis hermanos me observaban desde la puerta con un silencio acusador, reprochando mi huida.
Ahora me encuentro indefenso, como un huérfano en un páramo. Mis piernas tiemblan, y no es por el frío, sino por el peso de lo dejado atrás. Sin embargo, me niego a mirar con amargura. Elijo esta brisa y este sol, este instante que, aunque fugaz, por fin me pertenece. En mi infancia, el presente era un estado de gracia donde el tiempo no corría. Hoy su velocidad me abruma, pero entiendo que ahora soy yo quien timonea mi propio destino.
Añoro la protección de los brazos maternos, cuando la vida avanzaba por felices carriles. Pero hoy, aunque el desamparo me empuja a pedalear sin descanso en una carrera alocada hacia ninguna parte, decido bajarme de la bicicleta. Me siento en un banco del parque para dar reposo a mi cuerpo maltrecho y elijo este paréntesis de paz para reunir los pedazos de quien soy ahora.
Mi espalda se funde con el banco y, por primera vez, la incertidumbre ya no me aterra. No tengo todas las respuestas, pero el viento que antes me arrastraba ahora parece impulsarme con suavidad. Ya no me siento una pluma a la deriva, sino una semilla que, tras la tormenta, busca un suelo nuevo donde volver a florecer.
Finalista XI Concurso de Cuentos breves. Viajes.
Creatividad Literaria. España. Agosto 2026.

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