jueves, 3 de enero de 2019

Regalo de cumpleaños

Luego de pasar varios años en un reformatorio en una escuela religiosa, ella se dirigió de regreso a su casa natal. Liberada ya del peso de aquel suceso ocurrido en un período oscuro de su niñez, con su mente en paz y despojada de aquellos pensamientos que la acosaban, ella trataría de la mejor manera posible de enfrentar el futuro después de la muerte de sus padres. Al llegar, vio a su tía que estaba esperando su arribo parada en la vereda, frente a la puerta de calle.
― “¿Que había sido de todo aquello?” ―, pensaba, mientras escuchaba a su tía hablar y hablar, después de besarla y abrazarla efusivamente. Estaba cayendo la tarde y al ver el sol acariciando el follaje de los árboles, la imagen de su casa arrancaba de su alma muchísimos recuerdos, aunque algunas cosas habían cambiado. Su tía, le dijo que de golpe surgieron como de la nada camiones y máquinas de la Municipalidad y en menos de una semana asfaltaron la calle.
Habían construido una hermosa vereda de baldosas que abarcaba toda la cuadra, donde unos niños jugaban, correteaban y gritaban como cuando ella era pequeña. Su padre nunca había querido hacer la vereda porque decía que con la calle de tierra no hacía falta, porque si llovía se llenaría de barro.
Recordaba de su infancia algunos instantes de felicidad que nunca el tiempo llegaría a borrar. Por aquella calle polvorienta, el camión regador siempre aparecía en el verano por las tardes y todos los chicos lo corrían alegremente por detrás, hasta llegar a los adoquines de la calle que daba al parque. Y también algunos de tristeza, cuando se hacía tarde y su madre la llamaba para la cena, siempre envuelta en la agresividad de su padre, que exhalaba los vapores del vino barato que bebía.
En aquel tiempo, como vivían en la indigencia y con muy poco dinero, ella no podía tener ningún juguete. Como estaba prácticamente sola porque su madre se la pasaba cosiendo en su casa, salía a la calle vestida de varón buscando entretenerse. Frente mismo a su casa se formaba el centro de reunión de los chicos del barrio. Fue en esa calle de tierra donde los chicos mataban a patadas a los sapos que aparecían después de los días de lluvia, o corrían espantando a los gatos del vecindario.
Su tía que era la hermana de su padre, a pesar de su edad avanzada estaba bastante fuerte aún. Enviudó muy joven y desde entonces, había pasado la vida sola, con el espíritu lleno de pensamientos grises, como de un paisaje de otoño. Cuando murió su padre de un repentino infarto, su tía se trasladó a vivir en esa casa y eso en cierta medida le había cambiado el ritmo triste de su vida, enclaustrada en un departamento.
Le pidió cordialmente que entrara en la casa y le dijo que ya tenía preparada la misma habitación de cuando ella era niña. Recordaba que si bien ahora su tía se mostraba cariñosa, en el pasado siempre la había ignorado, discriminando a su madre y a la vez, había sido cómplice silenciosa de su padre, a quien el trabajo no lo apasionaba y era un permanente habitante del bar. Cuando estaba sobrio tenía la propiedad de ser enérgico y a la vez simpático, galante y comprador con la gente. La mala imagen para los demás siempre la daba su pobre madre con su enorme tristeza a cuestas.
Su padre siempre le gritaba y en forma enérgica la amenazaba con lo primero que tuviese a mano. Esos hechos violentos de su vida repercutieron en la escuela y en esos años las maestras habían tocado varias veces el timbre de su casa, para alertar sobre su actitud agresiva con sus compañeras. Pero la simpatía de su padre y a la vez su firmeza, las dejaba desconcertadas y siempre se iban sin respuestas.
Su madre siempre andaba con cara larga, cuando su padre volvía con demasiado olor a vino.
¡La plata no alcanza! , le reclamaba ella cuando llegaba.
¡La plata no alcanza, porque la derrochas! , le respondía él gritando.
Ella los miraba discutir sumamente nerviosa y aquellos gritos perduraban en sus oídos por bastante tiempo.
Luego en completo silencio se sentaban a cenar en la mesa y en la mayoría de las veces para ahorrar dinero eran fideos, con el pesto que hacía su madre aprovechando al albaca que cultivaba en la huerta del fondo de la casa. Su padre comía ansiosamente con su vaso de vino permanentemente lleno. Su madre sufría y solo probaba bocados, mientras ella terminaba rápidamente el plato y después limpiaba el pesto con miga de pan para aprovechar lo poco que quedaba.
Su tía le tomó la mano para acompañarla dentro de la casa y no paraba de hablar. Le dijo que el domingo le había llevado flores a su padre en el cementerio y que estaba un poco descuidada su tumba. Repentinamente le preguntó si lo había ido a visitar y ella le mintió que sí. Pero por nada del mundo pensaba en ir a verlo, mientras en ese momento lo recordaba entrando bebido y enojado en esa casa por esa misma puerta.
En un tiempo su padre había acentuado su agresividad en contra de todo lo que tuviera a su alrededor. Aquella vez que había empujado y tirado al suelo a su madre, ella le pidió que se fueran de esa casa.
¿Y adónde nos vamos a ir? ―, le había respondido su madre llorando, con el miedo que le pasara algo a ella, que era lo único que tenía en su vida. Realmente podrían haber ido a cualquier parte, porque en esa vida signada por la violencia, cualquier lado sería mejor y hubiera sido preferible irse, a quedarse en ese barrio con todos los parientes de su padre, que encima la despreciaban y humillaban.
Pero también la habían desahuciado en su propia familia y por eso su madre estaba sola en el mundo. Era hija de judíos y su padre la había desterrado de su hogar para siempre, porque con su fanatismo religioso nunca quiso aceptar que haya quedado embarazada de un hombre como su padre, de vida disipada y ajena por completo a sus férreas tradiciones.
Al salir del reformatorio fue a su madre a quien primero visitó en el cementerio judío, en el pueblo donde vivía de chica con su familia. Allí la había llevado su abuela, a la que la había conocido cuando un día la fue a visitar al reformatorio. Al verla no había podido contener las lágrimas, porque la anciana tenía la misma cara sufrida de su madre. Había recibido durante toda su vida el trato agresivo e intemperante de su abuelo y recién al fallecer éste, pudo rescatar los restos de su madre para traerlos a ese cementerio.
Todo sucedió aquella vez que ella ansiaba para su cumpleaños de trece un hermoso par de zapatos que la había encandilado al verlo en el escaparate de una zapatería de lujo. Pero eran muy caros y ni pensar en pedírselo a sus padres en esos momentos de extrema miseria. Al caer la tarde de aquel día del fin de sus doce años, fue a recorrer negocios sin rumbo fijo, pensando cómo hacer para conseguir esos zapatos de cumpleaños que sus padres no le podrían regalar.
Estuvo mirando algunas vidrieras y ya en el anochecer, cuando estaba regresando a su casa, la aparición de esa viejecita fue un hecho providencial. Estaba muy bien vestida en esa calle vacía y oscura. Se acercó sigilosamente de atrás y le dio un violento empellón, como aquel que su padre le había dado a su madre. Tenía grandes gafas, un bastón y una gran cartera del que le extrajo el dinero. Ni por asomo pensó en ese momento, que esa caída le provocaría la muerte.
Esa noche durmió contenta, porque al día siguiente estrenaría sus zapatos. Para hacer la compra se escapó un poco antes de la escuela. Se los probó y le quedaban muy hermosos, como pintado a sus pies. Se sentía feliz y con el resto del dinero compró un suéter bastante amplio para su madre que estaba embarazada y para su padre una botella de buen vino, aunque más no sea para que no oliera a vino barato.
Su madre con la prenda en sus manos miraba muy asustada aquellos zapatos nuevos, porque estaba segura que algo malo ella había hecho para poder comprarlos.
¡Qué angustia tengo! , le dijo, mientras la abrazaba fuerte y la acariciaba.
Ella sentía toda la presión de su panza de ocho meses sobre su cuerpo. No se le había ocurrido que pasaría eso, ni su angustia, ni ese abrazo, ni esas caricias. A ella le gustaban mucho las caricias de las manos de su madre, que solo las usaba para trabajar, como si coser ropa ajena fuera la única razón para tener manos. No le dio explicaciones de donde había sacado el dinero, mientras ella seguía mirándola triste y pensativa.
La ayudó a preparar la mesa para comer y cuando llegó su padre con un poco de olor a vino, su madre le susurró algo al oído. Él la miró enfurecido y gritó, pero cuando le fue a levantar la mano, su madre lo atajó como pudo con su panza. Mientras lo contenía, su madre le decía que todo se iba a arreglar y al mostrarle la botella de vino fino que ella le había regalado, se calmó rápidamente y le pidió que se acercara, la miró largamente y la abrazó sin hablarle.
Cenaron fideos con pesto como siempre, pero la mesa de su cumpleaños estaba más alegre y esa noche no había tanto silencio. Ella no paraba de contar lo lindo que eran esos zapatos, el hermoso negocio donde los había comprado y lo buen mozo que era el vendedor que la había atendido. Cuando los agentes de policía aparecieron en la puerta, su madre comenzó a llorar y su padre se puso delante y les pidió que no se la llevaran.
Es muy buena chica que ayuda mucho en la casa a mi mujer que está embarazada , les explicó con convicción, pero sin ningún éxito.
Ella no quería llorar, mientras su madre con su panza a cuestas les imploraba a los policías que no la maltrataran. Cuando salió de la casa todavía a lo lejos sentía los llantos de su madre. Su padre fue con ella a la comisaría donde le dijeron que tenían que esperar. Y después llegó aquella señora maquillada y muy bien vestida que les habló de la ley de menores, la violencia familiar y las malas influencias y le preguntó a su padre si consumía alcohol o drogas.
Hablaba mucho de la familia, mientras ella, que se había mantenido muda, se entretenía mirando sus zapatos nuevos. Su padre mostrando simpatía trataba de conquistarla, buscando disminuir la trascendencia del hecho, como siempre lo había hecho con las maestras. Sin embargo, por más que se empeñara, la mujer se mantenía imperturbable en su cometido de investigar sobre la violencia familiar, hasta que al fin su padre perdió el control.
¡Dejé a mi familia en paz! , le gritó repentinamente y con furia. Entonces, la mujer asustada, se quedó paralizada y se calló. Ella seguía mirando sus zapatos mientras pensaba que esa señora, con esa distinguida existencia, nunca comprendería que es lo que siente una chica pobre cuando no tiene dinero y desea tener un regalo para su cumpleaños. Finalmente intercedió el Comisario para apaciguar los ánimos.
Recién con el tiempo, en el reformatorio de la escuela religiosa donde la internaron, comprendió que independientemente de la pobreza, el crecimiento en una atmósfera de violencia familiar, envuelta en el miedo, la tensión y la falta de amor de su padre, había influido negativamente en su vida. En aquel entonces, ella no tenía conciencia de que había realizado algo malo y cometido un delito. Sumida por ese clima de permanente violencia, pensaba que lo que había hecho no era nada, simplemente había empujado a una viejita en una calle oscura.
Fue durante su internación que se enteró de la muerte de su madre con su hermanita recién nacida en el mismo parto, y al poco tiempo la de su padre por un infarto, dado que había quedado sumido luego de la muerte de su madre en la completa indigencia y envuelto en el alcohol. Y Ahora ese retroceder del tiempo y la distancia, al retornar al cuarto de su niñez conducida por su tía, le pareció como si el tiempo hubiera estado quieto y no pasara, como si todos esos atardeceres a pesar de ser distintos siguieran siendo los mismos, como si todavía fuese una niña y aún su madre estuviera viviendo junto a ella.






Mención de honor 64 Concurso de Letras para el Mundo.
Instituto Cultural Latinoamericano. Argentina. Enero 2019.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Compra nostálgica

Tenía que hacer tiempo y aproveché para ir caminando distendido por las calles de Buenos Aires y me paré, cuando apareció ante mi vista la vidriera de un negocio de antigüedades. Al principio miré sin mucho interés las cosas ofrecidas, pero poco a poco, mi imaginación se dejó llevar por la nostalgia de los años pasados. Podía percibir el aroma que se desprendía de los viejos muebles, mientras veía una guitarra y un violín, junto con candelabros y antiguos modelos de relojes de pared y de pie.
De pronto sentí una sensación de ansiedad e inquietud cuando la vi deslumbrante, apoyada sobre el cristal de una vieja mesita de luz, junto a una cama de barrotes de bronce, desplegando toda su belleza. La conocí en mi infancia, pero luego con el paso del tiempo la perdí de vista y me había olvidado de ella. Pero ahora estaba allí, como si hubiese resucitado, mirándome y idiéndome que la haga mía.
Entonces tomé la decisión de ingresar y señalándola con la cabeza le pregunté al vendedor el precio y en que estado se encontraba. Me mencionó que tenía poco uso y funcionaba perfectamente y al ser el monto razonable, le dije que la compraba. Fue allí que con una duda reflejada en su rostro me contestó que previamente iba a consultar al dueño, porque le parecía que habían recibido un pedido de reserva por ella.
Demoró unos minutos que me parecieron siglos, durante los cuales me invadieron pensamientos pesimistas, pero cuando el empleado reapareció detrás del laberinto de muebles, una pequeña esperanza comenzó a florecer en mi alma. Al llegar junto a mí esbozó una sonrisa diciéndome que no tenían problemas para vendérmela y le colocó las pilas para hacérmela escuchar.
Mientras la oía, con mis ojos quería acariciar su cuero protector y salí del negocio disfrutando de la compra, con mi corazón latiendo de cariño. Había adquirido una pequeña radio Spica de origen japonés, que quise tanto cuando era niño y que en ese momento la recordaba en las manos de mi padre, cuando en el jardín de nuestra casa, escuchábamos juntos los partidos de fútbol que los domingos relataba el gordo Muñoz.

 










Seleccionado Concurso de Relatos breves.
Incluido en el libro: Recuerdos II.
Letras con Arte. España. Diciembre 2018.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Extraño mensaje

Se despertó en la noche sobresaltado en la cama al sonar su celular que estaba en la mesita de luz, y cuando lo abrió en medio de la oscuridad, constató que había recibido un extraño mensaje que le llamó poderosamente la atención, porque el remitente tenía el nombre de su esposa que había muerto hacía poco tiempo.
Al leer el escueto párrafo que ella le había enviado lo invadió una inmensa sensación de zozobra y luego de pánico. Mientras con un gran escozor leía y releía el mensaje recibido una y otra vez, se sintió de pronto sofocado. Atacado por un fuerte dolor en el pecho, percibió como que su corazón estaba inexorablemente a punto de estallar.
Te juro que me vengaré desde el otro mundo”, decía el escueto mensaje cuyo texto él conocía muy bien, y que había tratado por todos los medios de olvidar desde que ella falleció. 
Ya con el rictus de la muerte reflejado en su rostro al producirse el repentino infarto, recordaba como si fuera en ese mismo momento, que aquellas fueron las palabras que había pronunciado su mujer postrada en la cama. Cuando ella estaba agonizando con los ojos vidriosos, tubo la percepción confusa, pero reveladora, de que había sido él quien le había suministrado el veneno para matarla.






Mención del Jurado III Concurso de Cuentos breves: Embrujados.
Incluido en el libro Alma embrujada.
Tu Concurso Literario. España. Diciembre 2018.


jueves, 13 de diciembre de 2018

Una flor en el cielo

Sus poemas van volando
recorriendo el universo,
y un bello y sublime verso
en el papel va rimando.
El poeta va flotando
mientras le canta al valor
de la bondad del amor
y la amistad verdadera,
como si al cielo ascendiera
con una preciosa flor.









Mención del Jurado II Concurso de Poesías Décimas: Recuerdos. 
Incluido en el libro Nostalgia otoñal.
Mundo Escritura. España. Diciembre 2018.

martes, 11 de diciembre de 2018

Noche sin luna

En esa tarde oscura
a su corazón de poeta
el tormento lo acuna.
Es que al llegar la noche
los fantasmas del parque
han asustado a la luna.








IV Concurso de Micropoemas: Queridos fantasmas.
Incluido en el libro Nuestros fantasmas.
El Muro del Escritor. España. Diciembre 2018.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Es solo un sueño

¿Veo una sombra que se aleja,
o es un coche que se escapa?
La herida apenas duele,
la sangre brota fácil.
Oigo sollozos cercanos.
Por favor … ¡No lloren!
Es sólo un sueño…

¿Veo una nube que se aleja,
o es mi alma que se escapa?
L
a herida ya no duele,
la sangre ya no brota.
Oigo sollozos lejanos.
Por favor … ¡No lloren!
Es sólo un sueño…









Finalista IV Certamen de Poesías.
Incluido en el libro Noviembre.
Letras como Espada. España. Diciembre 2018.

jueves, 15 de noviembre de 2018

El eslabón perdido

Un joven y esbelto humanoide había comenzado un viaje intergaláctico y estaba perdido en el universo. La única alternativa que tuvo de salvarse, fue la de eyectarse de su nave con su paracaídas en un hermoso planeta azulado, que era muy similar al suyo. Durante el descenso quedó embargado por la belleza de la vegetación y la calidez del clima de lugar y pensó en la suerte que tendrían de vivir en ese paraíso los seres que lo habitaran.
Pero al caer bruscamente sobre el barro en el claro de un bosque, sintió un intenso dolor en una costilla y para calmarse se sacó la indumentaria espacial que tanto le molestaba. Luego, buscando reponerse, se desnudó, recostándose de espaldas sobre su paracaídas, el que estaba apoyado sobre el blando y fangoso suelo.
En ese momento divisó a lo lejos una enorme serpiente enroscada en el tronco de un árbol de manzana, pero no tuvo tiempo de sobresaltarse, porque emergió sorpresivamente del follaje un hermoso ejemplar de simio hembra. Entonces,  se le acercó caminando semi erecta y mientras lo miraba dulcemente con ojos embelesados, le ofreció con su mano una manzana que estaba comiendo.
Dicen algunas malas lenguas, que fue justamente en ese preciso instante, cuando hace millones de años se produjo en el planeta tierra el salto genético evolutivo que dio origen a la humanidad.

 





Ganador III Concurso de cuento breve: Tiempo de otoño.
Incluido en el libro: Meditaciones.
Tu Concurso Literario. España. Noviembre 2018.

martes, 13 de noviembre de 2018

Despedida

Ha llegado la hora de la despedida de su padre que es escritor y no quiere hacerlo sin antes confesarle que siente una pena inmensa al tener que partir dejándolo allí abandonado, pero se le atragantan las palabras en la garganta y nada puede expresar. Luego del abrazo final, besa la mejilla de su padre y se aleja en silencio sin mirar hacia atrás, porque no puede soportar verlo encerrado injustamente en esa celda, por el hecho de haber escrito un artículo defendiendo la libertad de su pueblo.



 






Finalista IV Concurso de microrrelatos : Nuestros mayores.
Incluido en el libro: Miradas.
El Muro del Escritor. España. Noviembre 2018.


miércoles, 31 de octubre de 2018

Libros de terror

En una noche de luna llena, un afamado escritor de libros de terror dormía su borrachera en un banco del parque. Al verlo Lucifer con un papel escrito en sus manos que hablaba de él, se acercó volando convertido en un pájaro siniestro y con su filoso pico y las garras de sus patas, le extrajo el corazón para que muriera personificando esa historia sangrienta y lo deje de molestar con todas sus fantasías. 










Seleccionado II Concurso de microrrelatos:
Universo de libros.
Incluido en el libro: Universo de libros II. 
Diversidad literaria. España. Octubre 2018.

jueves, 18 de octubre de 2018

¿Aún me recuerdas?

Cuando ahora caminando por el parque ella me mira con sus verdes ojos, veo que brillan sus pupilas con la misma pasión de cuando éramos jóvenes. Noto en su rostro que se sonroja e intuyo como que en su alma vuelve a sentir la misma inquietud que quedó atrapada en el tiempo, en aquella noche de la primera vez. Le sonrío y ella me devuelve la sonrisa, aunque puede ser que lo haga simplemente por reflejo. ¿Será posible que aún pueda llegar a recordar todo aquello?
El amor por ella había crecido y surgido dentro de mi alma juvenil y en ese clima alucinado que me envolvía, la esperé pacientemente con mi corazón anhelante, hasta que por fin en aquella noche me entregó su ardiente pasión, en ese mismo banco del parque donde estamos pasando ahora. Y luego vinieron años de felicidad y amor conyugal, acompañados por el cariño y el crecer de nuestros hijos.
Pero a pesar de que la mayor parte del tiempo no me reconoce, no dejo de acompañarla en esos paseos que se realizan por el parque desde el hogar donde está internada. Quiero disfrutar esos pequeños instantes en que despierta milagrosamente de ese letargo en que se encuentra sumergida, cuando al encenderse una tenue luz en su mente, aún se acuerda de mí.











Mención del Jurado III Concurso de Cuento breve.
Tema: Amor... Amor.
Incluido en el libro: Paraíso soñado.
Tu Concurso Literario. España. Octubre 2018.

Quisiera ser poeta

Quisiera ser poeta
y entregarte la luna
mágica y plateada,
las estrellas y el cielo
con su aurora y ocaso.

Quisiera se poeta
para darte esperanzas
e iluminar a tu alma,
cuando el triste destino
te proyecte sus sombras.

Quisiera ser poeta
para entibiar tu cuerpo
como un sol mañanero,
y en esas largas noches
encandilar tus sueños.

Quisiera ser poeta
que con prosa divina
pudiese subyugarte,
y acariciar tus labios 
como si fueran besos.











Finalista III Concurso de Poesía.
Tema: Amor... Amor. 
Incluido en el libro: Paraíso soñado.
Tu Concurso Literario. España. Octubre 2018.

Gatitos indigentes

Me saca de mis cabales
ver que alguien en un momento
para no darle sustento,
tira en la calle animales.
Me apenan esos modales
y como son atrayentes,
nacen en mi alma incipientes
ganas de ser bienhechor,
y convertirte en pastor
de gatitos indigentes.












Mención del Jurado IV Concurso de Poesías décimas.
Tema: Cosas pequeñas.
Incluido en el libro: Girasoles.
Mundo Escritura. España. Octubre 2018.

lunes, 15 de octubre de 2018

Pequeños

En noche oscura
la luz de la velita
está asustada.

Ni con cuatro hojas
ese pequeño trébol
tuvo fortuna.

Los enanitos
dan mágico espejito
a Blancanieves.







Finalista IV Concurso de Poesías Haikus.
Tema: Cosas pequeñas. 
Incluido en el libro: Los girasoles.
Mundo Escritura. España. Octubre 2018.

jueves, 11 de octubre de 2018

El amor de la barca y el mar

Unas cuadernas de madera hincadas en la arena de la playa frente al astillero, se encuentran posando ante los ojos amorosos del mar. Pronto va a llegar la hora en que nazca la nueva barca pesquera, mientras el mar, con sus burbujas, la está esperando ansioso para mecerla entre sus olas. Luego de complementarlas con mucha madera, estopa, calafateo, la afilada garlopa y pintura, mediante un arduo trabajo en el astillero, la barca es botada en el mar y emerge reluciente a la vida, guardando en sus espacios libres las redes, anzuelos y arpones.
Su inocente impulso inicial es bogar, gozando de los incipientes mimos del mar, en pos del sol que otea en el horizonte. Una brisa salina suave y vaporosa la acompañan, mientras unas bandadas de pececillos que zigzaguean al unísono en el agua, son apresados por las redes de arrastre. Y luego de compartir muy feliz durante el día las caricias de amor con el mar, al amortiguarse los rayos del sol en el ocaso, la barca retorna a puerto con su fresca carga.
Pero en el transcurrir rutinario de su vida no todo es amor platónico. Durante las tormentas el mar se excita, viendo como la barca asoma su cuerpo por popa y se zambulle hacia babor, retorciéndose y arqueándose con fervor. En ese frenesí, la barca y el mar se aman con pasión, acariciándose o refregándose intermitentemente, en un dulce o enérgico forcejeo. Hasta que por fin, el mar gozante, eyacula sobre el casco de la barca, las burbujas escamosas de sus rompientes.
Pero el tiempo feliz de la vida de la barca no es eterno y se extingue inexorablemente. Y con el devenir de los años, la barca ya avejentada, navega en el camino de su último regreso con su carga de peces y algas. Ella lleva dentro de sí el amor del mar, y las gaviotas la besan al llegar ya casi al anochecer. Y finalmente, al quedar varada en el puerto, la vieja barca pesquera descansa tranquila, aferrada a la orilla. Está envuelta en sus recuerdos, pero ya sin sueños, en la triste espera de su muerte.
Y mientras se acerca el fin de la barca, el mar eterno, insaciable e infiel, mira con amor hacia el astillero, donde posan nuevas cuadernas de madera, hincadas en la arena de la playa.







Seleccionado Concurso de Relatos del mar.
Incluido en el libro: De testigo el mar.
Asociación Letras con Arte. España. Octubre 2018.   

lunes, 1 de octubre de 2018

El espejo de mis sueños

Leyendo frente a un espejo mis inspirados versos,
tus manos me rozaron y tu boca me dio un beso.
Y mis sueños se abrieron hacia ese amor tan sincero,
pero me alejé de ti, queriéndote sin saberlo.

Había visto ansioso en el espejo de mis sueños,
a otra boca, que quería echar sus besos al viento.
Luego quise volver para recuperar tu amor,
mas mi deseo se convirtió en soledad y tiempo.
Ahora mi alma ya no sueña frente al cruel espejo,
que refleja mi rostro con las arrugas de un viejo.














Seleccionado IV Concurso de poesías.
Incluido en el libro: El paso de los años.
Versos compartidos. Uruguay .Octubre 2018.

domingo, 30 de septiembre de 2018

Lluvia

Llueve en otoño
y en el suelo del parque
nadan las hojas.

La tarde oscura
enciende las farolas
bajo un diluvio.

Una descarga
de rayos y centellas
anuncia el trueno.

Viene su amada
y destellan las gotas
en sus pisadas.

Inspira un charco
al poeta sentado
bajo la lluvia.

Amaina el agua
y entre los dos paraguas
se moja un beso. 

















3º premio. IV Certamen de Poesías Siglema 575:
Incluido en el libro: Di lo que quieres decir.
SCRIBA NYC. Puerto Rico. Septiembre 2018.