miércoles, 20 de octubre de 2021

Ha llegado mi otoño

Nadie programa a su antojo el destino

y debo seguirlo hacia donde él quiere,

pero al arribar este otoño que hiere

siento que me lleva al fin del camino.


El triste otoño ya no oye mis cuitas

y en lo poco que queda por delante,

la tarde gris y la lluvia constante

acompañan a mis horas marchitas.

 


 

 

 


 

 

Finalista VII Certamen de Micropoemas. Otoño en el muro.

Incluido en el libro: Comparando tristezas.

El Muro del Escritor. España. Octubre 2021.

Otoño de mi vida

Ha llegado a mi vida el otoño de hojas marchitas. Mis agitados años de ingeniero han pasado, llevándose con ellos toda esa apasionada primavera de obras que realicé hasta que me jubilé. Así es como lo dispone el destino, pero no cambia para nada mi dicha interior. Es que en esta fría y gris tarde otoñal, soy muy feliz enseñándole a construir a mi nieto la maqueta de una pequeña casita de madera.



 

 

 


 

 

Finalista VII Certamen de Microrrelatos. Otoño en el muro.

Incluido en el libro: Comparando tristezas. 

El Muro del Escritor. España. Octubre 2021.

Ebrio de soledad

La soledad me invade en cada día

porque ella en mis versos está adherida,

y es dolorosa y sangrante la herida

que bebo para aplacar mi agonía.


Envuelto en una gran melancolía

algo ebrio voy escribiendo en la vida

y aunque la siento lejana y perdida

yo espero que retorne todavía.


Con mi pluma le confieso que su huida

fue para mi muy triste y angustiosa,

pues toda mi alma de ella está imbuida


Y en la copa su imagen es hermosa,

pero siento al terminar la bebida

una inmensa soledad en mi prosa.

 



 

 

 


 

 

Finalista VII Certamen de Sonetos. Jorge Gillén.

Incluido en el libro: Haikus y Sonetos LXIII. 

Letras como Espada. España. Octubre 2021.

Estrellas

Tiene verguenza

de mostrarse desnuda

fugaz estrella.


Un escorpión

que está oculto en el cielo

me guiña un ojo.


Bellas binarias

en lazo eterno unidas

brillan danzando.

 


 

 

 


 

 

Finalista VII Certamen de Haikus. Chiyo-Ni.

Incluido en el libro: Haikus y Sonetos LXIII. 

Letras como Espada. España. Octubre 2021.


La bella y el halcón

Yo la cortejé y la invité,

pero navegar ella no quería

y nunca se fijaba en mí.

Entonces a la bella aceché

como un halcón a su presa

y con mi velero la atrapé.

Fuimos de puerto en puerto

bebiendo birras heladas

en las cálidas aguas del río,

y copas de vino tinto

en las frías aguas del mar.

Nos amamos en las noches

acurrucados en el camarote,

y nos revolcamos en las tardes 

 sobre la cubierta bajo el sol.

Todo eso pasó en el velero

hasta que ella me llevó al altar.

Y ahora que la bella presa

en sus redes me ha atrapado,

este halcón quiere escapar.

 



 

 


 

 

Finalista VII Certamen de Poesía. Melgar.

Incluido en el libro: Ruidos. 

Letras como Espada. España. Octubre 2021.

Ilusión en la noche

El poeta observaba con angustia por la ventana de su casa frente al mar, como su amada que lo había dejado, se iba caminando por la playa. Llovía y en esa noche no había luna, ni estrellas y el horizonte del mar se ocultaba tras las sombras. Luego de un tiempo oyó unos golpecitos en la puerta y en la oscuridad sus ojos brillaron ilusionados. “¿Van y vienen las olas del mar?”, se preguntó con su corazón esperanzado. Pero solo era una brisa fría que golpeaba con la cortina.

 



 

 

Finalista VII Certamen de Microrrelatos. Melgar.

Incluido en el libro: Ruidos. 

Letras como Espada. España. Octubre 2021.

jueves, 7 de octubre de 2021

Todo cambia al anochecer

Sentado en un banco del parque el poeta observa como todo el paisaje cambia al anochecer. El sol que ilumina en el ocaso va tornándose dorado, languidece como una burbuja rojiza y se esfuma poco a poco en el dilatado horizonte. Y cuando su luz se apaga, mágicamente aparece en el cielo oscuro la imagen plateada de la luna, que con su claridad, resplandece en su alma entre las sombras de la noche.

 



 

 


 

Seleccionado II Concurso de Microrrelatos. Luz de luna.

Incluido en el libro Luz de luna II.

Diversidad Literaria. España. Octubre 2021.

 

Dolor de ausencia

El tiempo que se fue prolongando en ese lejano viaje de estudios de ella, fue devastando su alma romántica de escritor, de tal modo, que ya no podía hilvanar más palabras, por el dolor de su ausencia en la soledad que lo rodeaba. Pero una llamada anunciándole su regreso, envuelta en la ternura de su voz, calmó su espíritu, e inspiró nuevamente su pasión por la escritura.



 

Seleccionado VII Concurso de Microrrelatos. Porciones del alma.

Incluido en el libro Porciones de alma VII.

Diversidad Literaria. España. Octubre 2021.

jueves, 23 de septiembre de 2021

La imagen de mi padre

La primera vez que tuve un resquemor con mi padre fue cuando solo tenía trece años. Caminábamos por el parque del pueblo, alumbrados por la tibieza de los rayos del sol, que atravesaban el follaje florido en esa hermosa primavera. De pronto, mi padre les dirigió una sonrisa compradora a dos hermosas muchachas. Estaban sentadas sobre el verde césped que habían cortado recientemente, abriendo una caja que contenía chocolates.

Y fue allí, cuando me quedaron grabadas para siempre las palabras que les dijo mi padre:

― Preciosas, si me dan a probar alguno de esos chocolates, seguro que me las como con ellos.

― ¿Tú solito nos vas a comer? ―, le preguntó sonriendo la más joven y bonita de ellas.

― Si, pero primero para probar el chocolate, tengo un pequeño macho ayudante ―, le respondió mi padre, señalándome alegremente.

Mientras escuchaba las sonoras carcajadas, completamente avergonzado, me puse colorado como un tomate. Entonces, la hermosa muchacha que le había hablado se me acercó. En ese momento, pude percibir, envuelto en el agradable aroma de ese césped recién cortado, que me invadía una extraña sensación de sensualidad. Sentí su cálida respiración y el roce excitante de su piel suave y tibia, mientras me deslizaba dulcemente en mi mano la tableta de chocolate. Luego, con una sonrisa socarrona, le dijo a mi padre que su pequeño macho ayudante ya podía empezar a probarlo.

El recuerdo de esas mujeres tentadoras, que le sonreían a mi padre llenas de picardía, quedó fijada en mi subconsciente desde mi infancia. Cuando ya había caminado unos pasos, mi padre me susurró al oído mientras yo saboreaba el delicioso chocolate, que esas mujeres no eran de nuestro pueblo y seguramente venían de la Ciudad. Entonces, me pidió que siguiera solo el trayecto a casa, porque les tenía que preguntar algo. Luego, sonriendo y con un guiño, me dijo que no le comentara nada a mi madre, haciéndome de esa manera cómplice y partícipe silencioso de su infidelidad.

Mi madre falleció unos meses después y a partir de allí , la presencia de mi padre convirtió el tiempo de mi adolescencia en una región en penumbras, donde crecí como un ser insignificante en la casa de mis abuelos maternos. Aquel hombre era el macho dominante de voz firme y viril, que con su paso decidido llenaba todos los espacios con su rostro varonil, su cuerpo atlético y su aspecto imponente. Por el contrario, yo era un niño retraído y sin amigos, que hablaba poco, con voz insegura y con una actitud introvertida.

Con mi padre en general no hablaba y mi timidez era tan grande, que el solo hecho de pensar que me llegara a preguntar algo sobre mi personalidad, me sumía en un pozo de turbación. Era como si cualquier inocente pregunta que me hiciera, fuera en realidad un ataque premeditado y alevoso a mis sentimientos.

Fue al cumplir los dieciocho años y ya cursando el último año de los estudios secundarios, cuando un verano en la piscina, me dijo que me presentaría a una chica. Era hija de un industrial que recién se había instalado en el pueblo. De esa forma, mi padre, con su natural simpatía, entabló amistad rápidamente con los progenitores de la muchacha. Y finalmente cumplió con su propósito de llevarme a ese nuevo destino, como si fuera un jinete montado sobre un indómito corcel, donde yo nada podía hacer.

Nadie era tan hermosa, tenía senos tan prominentes y nadaba como ella. Cuando mi padre me la presentó, era unos meses menor que yo y aún no había tenido tiempo para hacer amistades en el pueblo. La primera noche que salí con ella, tuve que escuchar de su boca lo apuesto que era mi padre, lo joven que se mantenía y la plasticidad de su cuerpo cuando saltaba desde el trampolín. Allí comprendí que a falta de otras virtudes, mi paciencia era bastante flexible y resistente, como para que pudiera ser capaz de soportar todo aquello.

Luego seguimos saliendo, porque los hechos llegaban a mi vida por la senda señalada por mi padre y yo prefería aceptarlas, dado que me sentía incapaz de rebelarme. Ella era una muchacha arrogante y extrovertida y yo le atraía, aunque era su antítesis, porque le despertaba una especie de instinto protector maternal.

Para rematarlo, ella me consiguió un puesto administrativo en la industria de su padre, que me llevó a postergar indefinidamente el inicio de mis estudios universitarios, aceptando con mi actitud pasiva el papel protagónico de novio. En realidad la mujer que yo necesitaba debía ser aquella con el carácter de mi madre, que antes que falleciera me ayudaba a cultivar con delicadeza esa parte de mis sentimientos que me sentía obligado a esconder ante los ojos de los demás.

Fue en esos momentos de noviazgo que repentinamente dejé de ver a mi padre. Aparentemente fue amenazado de muerte por unos mafiosos, debido a algunos negocios turbios que había realizado. Desapareció del pueblo y nunca se despidió de mí y tampoco volvió a comunicarse conmigo. Lo único que supe de él era que se había escapado para ocultarse en la Ciudad. Muy pronto agradecí a la providencia por ese distanciamiento y encontré un refugio casándome con aquella muchacha. Ello fue mi coartada perfecta para poder permanecer todo el tiempo en un intrascendente segundo plano, con el trabajo rutinario en la oficina de su padre.

Fue después de unos años cuando recibí la noticia de la muerte de mi padre en un accidente automovilístico junto a su pareja. Tenía que concurrir a hacer los trámites legales en el cementerio de la Ciudad, porque su cadáver iba a ser cremado. Cuando viajaba con mi coche por la ruta, el aroma de los campos sembrados en primavera, me parecía como el del verde césped cuando transitaba con mi padre por el parque del pueblo. Y repentinamente, pensé en mi madre, quien había sido siempre una sombra, incapaz de defenderse frente a la presencia desbordante de mi padre. Había sufrido mucho por sus continuas infidelidades y estaba seguro que todas esas penas la habían conducido a esa muerte prematura.

A media mañana llegué al crematorio del cementerio de la Ciudad. Al entrar al gran salón, sobre un par de carritos metálicos con ruedas estaban los dos ataúdes. Alguien los conducía al horno para incinerarlos. Los seguí con la vista hasta que una puerta metálica se interpuso lentamente delante de mis ojos. Fue justo en ese momento que escuché que alguien me llamaba por mi nombre.

Era el hijo de la pareja de mi padre que me había avisado del accidente y que se había encargado de resolver toda la burocracia de los trámites policiales y funerarios. Aparentemente tenía mi edad, y estaba elegantemente vestido. Por debajo de sus cejas se abría paso a una mirada despierta y simpática, y su modo de hablar transmitía al mismo tiempo una sensación de amparo y dulzura.

Finiquitados los trámites y depositados los cofres con las cenizas en un nicho del cementerio, pasamos lo poco que quedaba de la mañana conversando en un café aledaño. Allí me contó que había conocido a mi padre y que seguramente, para haber hecho pareja con su madre, se deberían haber respetado mutuamente, porque eran dos almas dominantes y avasalladoras.

Había algo en él que me inspiraba confianza y creaba a mi alrededor una extraña atmósfera, que solo encontré de pequeño en el cariño de mi madre. Luego decidimos ir a almorzar al centro de la Ciudad y fue en aquellas inesperadas circunstancias, que me encontré disfrutando de la primera compañía que comenzaba a resultarme agradable desde hacía muchos años.

Terminada la comida continuamos bebiendo de sobremesa y conversando largo tiempo. Me contó que era soltero y trabajaba como piloto en una línea de aviación y que su padre los había abandonado al nacer y nunca lo había conocido. Como su madre siempre viajaba, había sufrido muchísimo porque nunca lo había escuchado y siempre estuvo distante.

En aquella tarde, el vino y su manera amable de hablar, me proporcionaban una sensación de paz y camaradería. Y entonces, me encontré de pronto encerrado con él, tripulando confiado la cabina de mando de su avión y le confesé que no amaba a mi mujer. Con ella nunca había logrado placer y que realmente me era muy difícil tener que soportarla. El avión seguía suavemente su camino llevándome muy lejos, como si se dirigiera hacia otro horizonte distinto de mi vida.

Cuando entramos en la casa donde habían convivido nuestros respectivos padres en los últimos años, nos quedamos en silencio de repente. Sentíamos que en ese lugar ahora éramos dos almas solitarias. Nos miramos fijamente con los ojos humedecidos durante unos segundos y luego, al unísono, nos sentamos compungidos sobre el sofá.

Al acercar su cara a la de él fui sintiendo su candor, sabía que era peligroso,pero no pude parar porque me sentía hechizado. Besé sus labios y al sentirme retribuido por el roce húmedo y tembloroso de su lengua, me pareció como si viajara plácidamente en aquel avión entre las nubes del cielo. Era como si durmiera y estuviese soñando. Podría pasar todos los minutos, todas las horas y todos los días de mi vida sintiendo ese cariño. Era una necesidad que me había invadido repentinamente como una adicción irresistible y que se había revelado en mí con toda su crudeza.

Sin embargo, cuando comencé a percibir el roce excitante de la piel suave y cálida de aquella mano que me acariciaba, me sobresalté con un estremecimiento agudo. Fue al distinguir la imagen de mi padre, que me estaba mirando desde un retrato, encerrado en la poca luminosidad de aquellas paredes grises. Pero en ese mismo instante, en ese atardecer de primavera, se filtró mágicamente en la habitación un rayo de sol, como buscando purificar toda culpa bajo su luz piadosa y cegadora. Y en ese retrato, junto a la figura luminosa de aquel hombre de sonrisa compradora, pude reconocer el rostro de la mujer que lo acompañaba.

Esa mujer no era otra que aquella bellísima muchacha que había conocido en mi niñez, mientras caminábamos con mi padre por el parque del pueblo. Pero ahora aquella escena mi mente la enfocaba bajo otra lente distinta, mientras me remontaba nuevamente en un tiempo que no era tiempo, hacia aquel atardecer de primavera.

Y fue en ese momento que milagrosamente volví a percibir un dulce sabor a chocolate en mi paladar, con aquella ingenua sensualidad de mi infancia, envuelta en la fragancia del césped recién cortado. Entonces, sentí por primera vez que irremediablemente mi alma era libre, majestuosamente libre y sin cadenas. Y ya sin inhibiciones en mi vida, me sumergí en el excitante mundo del placer.

 

 
 
 
 
 
 



 
3º Mención XIV Certamen de Cuentos Alejandro Vignati.
Incluido en el libro de la Antología del Concurso.
Dirección de Cultura San Andrés de Giles. Buenos Aires. Argentina. Septiembre 2021.

 

Tormenta de verano

Surgen relámpagos con su tronada

dejando el anochecer reflejado,

las nubes al cielo han encapotado

mientras el viento va en lenta escalada.


La tormenta de pronto es desatada

diluviando con ansias de mojado,

y un cartel luminoso que ha volado

cae sobre una vidriera entornada.


Mas con rapidez la lluvia culmina,

y al viento se la lleva de la mano

dejando algunas ramas en la esquina.


Y al pasar el chubasco de verano,

la luna, muy curiosa y femenina

se asoma tras un nubarrón lejano.



 


 

 

Finalista VI Concurso de Sonetos. Tardes de verano.

Incluido en el libro: Certeza.

Creatividad Literaria. España. Septiembre 2021.

 

Mar confidente

Me encuentro frente a este mar confidente

cansado de fingir indiferencia,

porque este amor va mucho más allá

de la fría amistad que le prodigo.


Es que dudo en revelar mi secreto

por el temor que tengo de perderla,

y en esta cobardía de callar

deseo besarla sin atreverme.


Me encuentro frente a este mar confidente

y navegando con mi corazón,

siento que laten olas de pasión

que me traen suspiros a la playa.


Una brisa salina de ansiedad

ahora incitan a mis pensamientos,

y una lluvia de diminutas gotas

inundan de amor a mi alma apenada.


Pero inmerso en este mar confidente

cuando diviso el horizonte lejano,

me ataca esta angustiosa incertidumbre

que no me decido a dilucidar. 

 



 

 


 

 

Finalista VI Concurso de Poesías. Junto al mar.

Incluido en el libro: El mar náufrago.

Creatividad Literaria. España. Septiembre 2021.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Consulta a tu espejo

Mira tu rostro en el espejo y dile

que cometiste un error aquel día,

porque él sabe que por tí yo sufría

aunque tu corazón no lo asimile.

 

Conseguiste que tu amor me encandile

y tanta atracción por ti yo tenía,

que el miedo a perderte produciría

que mis celos a tu amor aniquile.


Mírate en ese espejo del ropero

recordando los tiempos del pasado,

y consúltale si aún yo te quiero.

 

Él te responderá muy angustiado

diciéndote que por ti yo me muero,

y que deseo volver a tu lado.



 


 

 

Finalista VII Concurso de Sonetos. Un bargueño para mis cuentos. 

Incluido en el libro: Libros desordenados.

Mundo Escritura. España. Septiembre 2021.

Una historia distinta

La protagonista de la novela que estaba escribiendo me dijo muy enojada que la historia debía ser distinta. Entonces corrí hacia el living, pero no pude despertar a su pareja, porque estaba muerto recostado sobre el sofá, junto a un pocillo de café vacío sobre la mesita. Recién lo comprendí todo, al ver por la ventana como ella se iba del brazo junto a un personaje que yo nunca había imaginado. Fue allí cuando me desperté frente a mi notebook.



 

 

 

 

 

 

 

Finalista VII Concurso de Minicuentos. Un bargueño para mis cuentos.

Incluido en el libro: Libros desordenados.

Mundo Escritura. España. Septiembre 2021.