El aire de primavera ya no le resulta cálido como en aquél entonces. El hombre, de manos nudosas y espalda encorvada, se sienta en un banco del parque. Al cerrar los ojos, el tiempo retrocede.
Vuelve a ser el joven de mirada inquieta que aguarda nervioso con un ramo de flores. En su recuerdo, los árboles florecen con fuerza y el aroma del césped recién cortado es tan real que casi puede respirarlo mientras aquella imagen se acercaba a lo lejos.
Una brisa lo devuelve al presente. Sus ojos nublados ya no buscan una figura real, sino el punto exacto donde, hace cincuenta años, ella aparecía corriendo hacia él. Con torpeza, acomoda unas flores en el espacio vacío a su lado, justo donde ella solía sentarse para que él la rodeara con su brazo.
El sol se oculta tiñendo de naranja el banco y la noche avanza con la aparición de la luna. Después de un tiempo el anciano se incorpora apoyándose en su bastón, sintiendo el peso de los años. Antes de marcharse, acaricia el banco y susurra:
—" Espérame un poco más... que la próxima primavera, quizás sea yo quien corra a tu encuentro ".
Se aleja despacio, mientras la luz de la luna cae sobre el banco y las flores, sellando la promesa de su cita eterna.
Seleccionado XI Concurso Internacional de microrrelatos.
Versos compartidos. Montevideo. Uruguay. Octubre 2026.

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