En el astillero, unas cuadernas de madera esperan frente al mar, hincadas en la arena como costillas ansiosas. El mar, con sus sentidos en vilo, acecha el nacimiento de la embarcación; desea lo que aún no existe. Bajo la luna, las maderas sienten el escalofrío de la espuma, un sabor a materia prometida.
Tras el bálsamo de la estopa y el calafateo, la barca emerge reluciente. Los pescadores celebran la botadura de esta nave que guarda redes y anhelos. Su impulso inicial es bogar hacia el horizonte, mientras el timonel, con sus brazos desnudos aferra la rueda. El mar la recibe con las caricias de sus olas, revelándole el secreto de sus leyendas.
Pero el idilio no siempre es calmo. En las tormentas, el mar se apasiona mientras la barca se retuerce con fervor. En esos frenesís, se aman y forcejean hasta que el mar eyacula las burbujas de su oleaje sobre el casco. Es un lago romance de sal, redes cargadas y regresos en atardeceres bajo el murmullo del viento.
Con el tiempo, la barca navega su último retorno. Las penumbras refrescan sus heridas mientras las gaviotas la besan por última vez, y el viejo timonel recoge un trozo de aquellas cuadernas ya vencidas. Finalmente, varada y sin alas, la barca descansa en paz, envuelta en recuerdos. Mientras tanto, el mar, en una danza perpetua e infiel, se detiene frente al astillero para mirar con amor a unas nuevas cuadernas hincadas en la arena de la playa.
Mención del Jurado XI Concurso de Cuentos breves. Junto al mar.
Incluido en el libro: Lo que se lleva el mar.
Creatividad Literaria. España. Septiembre 2026.


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