Ante la estatua de bronce, el poeta imploró al hidalgo que saltara del pedestal. El mundo ya no necesitaba lanzas contra los molinos, sino contra la infamia. Imaginó a Rocinante galopando sobre despachos de políticos y jueces corruptos; visualizó a su espada protegiendo a las víctimas de dictadores, torturadores, narcotraficantes y tratantes. En la soledad de la plaza, el poeta sonrió, pensando que la locura del Quijote de ayer, podría ser el incentivo para luchar contra los males de hoy.
Finalista XI Concurso de Micronarrativas. El presente es nuestro.
Creatividad Literaria. España. Junio 2026.

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