Mientras los alumnos subían alborotados al autobús para la excursión escolar, el conductor, contagiado por la alegría infantil, le soltó un guiño cómplice a la maestra: —Ya sabe, ¡la primavera la sangre altera! —Ella asintió con una sonrisa forzada, sintiendo un vuelco en el corazón. Estaba asustada; esa misma mañana de sol radiante se había dejado llevar por la pasión sin una sola precaución, y ahora aquel dichoso refrán resonaba en su cabeza como una sentencia de vida.
Finalista XII Concurso de Microrrelatos. Primavera de sueños.
Incluido en el libro: Ra.
El Muro del Escritor. España. Junio 2026.


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