lunes, 18 de febrero de 2019

Noche tormentosa

Ese viento que se estrella
con gotas en mi ventana,
en la negra noche brama
en busca de su airada huella.
Bajo el rumor de la lluvia
exacerba mi sentido,
un rayo con su estampido
en medio de las tinieblas.
Da fulgor una llama 
de un leño de chimenea,
a unos cuadros en hilera
colgados en la pared.
Borges, Cortázar, Neruda
entre las sombras relucen,
y sus rostros que se lucen
acompañan mi pasar.
Y al sentir que esos poetas
han venido a visitarme,
quiso el destino confiarme
esa ansiada inspiración.
Preparo pluma y papel
y dejo que el viento brame,
que la lluvia se derrame
tronando un rayo al caer.
Entonces en las penumbras
se enciende mi fantasía,
y esa noche tormentosa
se alumbra de poesía.

.

 








Seleccionado en Certamen literario de poemas.
Incluido en el libro: Poemas al calor de la chimenea.
Letras con Arte. España. Febrero 2019.

sábado, 16 de febrero de 2019

Pocillo de café

El pocillo de café es un amigo de mesa silencioso que nunca traiciona y sabe escuchar, ya sea en salones de lujo o en el humilde bar. Como si fuera un rito giramos la cucharita con rítmico compás y luego, envueltos en nuestras charlas o pensamientos, vamos saboreando lentamente los sorbos de café. El pocillo es testigo de nuestras confidencias, negocios y amores, pero siempre queda en el olvido cuando nos despedimos y vuelve con la bandeja de nuevo al mostrador.











Finalista IV Concurso de Micronarrativa.
Tema: mirando hacia delante.
Incluido en el libro: Viajero.
Concurso Literario en Español. España. Febrero 2019.

Pueblo abandonado

Mientras caía la tarde caminando por las calles de un pueblo desierto, miraba el deterioro de sus casas abandonadas. Cuando detuve mi paso al llegar a una esquina, presentí como que los espíritus de los antiguos habitantes que habían vivido allí, me espiaban desde las ventanas. Al internarme por las veredas rotas en un largo y angosto pasaje, parecía que en ese silencio profundo, estaba en un lugar del otro mundo que el siglo pasado había dejado olvidado.
Al desembocar en un terreno descampado, aparecieron a lo lejos ante mis ojos las chapas oxidadas de una estación de tren, con su andén desolado, como si fuera una vieja foto opacada por el paso del tiempo, habitado seguramente por fantasmas que se habrían negado a partir. La vieja estación aparecía iluminada tras unos solitarios árboles por el sol en el ocaso y entre los pocos pastos que la rodeaban, asomaban ocultas tras unas piedras, unas viejas vías oxidadas. 
Repentinamente y en medio de ese silencio, creí escuchar montado en una suave brisa, el eco lejano del estampido de unos disparos y un angustioso grito de “¡No clausuren el tren!”. Y en ese momento, me pareció que desde otro cielo muy distante, resonaba mágicamente en mis oídos el clamor de la lucha de ese pueblo por subsistir, tratando de que no levanten el servicio ferroviario. Era como si ese grito desesperado, aún permanecía suspendido en el tiempo y el espacio, en esa estación derruida. 













Finalista IV Concurso de Cuento breve. 
Tema: el color del invierno.
Incluido en el libro: El calor de los recuerdos.
Tu Concurso Literario. España. Febrero 2019.

jueves, 14 de febrero de 2019

Hijo de la tierra

El vino nos alegra,
y a gozar nos convoca,
es hijo de la tierra
que vive en cada copa.

Y cuando el vino fluye
el amor resplandece,
si otra vida confluye
a la tierra engrandece. 
 









Finalista V Concurso de Minipoemas.
Tema: Por una sonrisa un cielo.
Incluido en el libro: Momentos de silencio.
Mundo Escritura. España. Febrero 2019.

martes, 12 de febrero de 2019

Solidaridad social

¿Por qué algunos seres humanos sufren hambre y privaciones, mientras otros viven en la opulencia? ¿Por qué los gobiernos del mundo globalizado no logran que las condiciones de vida sean más equitativas? Para lograrlo, la semilla de la solidaridad debe echar raíces, a fin de que comience a florecer. Pero la ayuda solidaria que debe brindarse al necesitado, debe ser como una fuerte corriente de aire y no como la suave brisa del aletear de una mariposa.












Finalista V Certamen de microrrelatos Valores humanos.
Incluido en el libro: Batir de alas.
Letras como Espada. España. Febrero 2019.

sábado, 19 de enero de 2019

El monstruo del Riachuelo

El linyera aún está temblando, sosteniendo en sus manos una cruz de madera, envuelto en una densa niebla gris en el recodo de un Riachuelo infestado. En ese mundo fantástico en aquella noche de luna llena, observó a un monstruo emerger desde el lecho putrefacto, recubierto con una piel escamosa.
Emitía un aullido feroz, como si fuera un escuadrón de piratas fantasmales realizando enardecidos el abordaje. De su boca ulcerosa emanaba una baba espumante y su cara espectral tenía ojos inquisidores, que latían entre los cuchillos filosos de sus párpados, tenebrosamente enmohecidos por el hollín. Dicen que es uno de los hijos del demonio, que suele aparecer en las noches de plenilunio en estas aguas purulentas y sin olas, buscando eliminar todo vestigio de vida.
Ya es madrugada y poco a poco, va saliendo de ese trance, frente a esas aguas que bajan mansas, emanando infectas un tufo pestilente por el vertido de desagües fabriles y pozos ciegos. Algunos lamparones de negro petróleo, discurren en un oráculo de burbujas letales y el estertor opacado de sus riberas, las cubren basurales y fétidos camalotes.
Sin bien se salvó, al encarar en la noche a ese ser fantástico rezando una oración y enfrentándolo con la cruz de madera que aún tiene en sus manos, su cuerpo está ahora envuelto en el sudor de una amarga desazón por la realidad espeluznante que lo rodea, en el preludio de las primeras luces grises del día.
 










Finalista III Concurso Cuento breve. Literatura fantástica.
Incluido en el libro Mar Fantástica.
Tu Concurso Literario. España. Enero 2019.

Amante imaginario

Estaba en esa noche
envuelto en vino tinto,
destilando soledades.
Al oír un chasquido,
pensé que era un beso
entre la niebla del parque.
Y al arder mi corazón,
imaginé en mi ebriedad
que yo era el amante. 
 












Finalista III Concurso de micropoesías:Así te lo cuento.
Incluido en el libro Tiempo.
Concursos Literarios en Español. España. Enero 2019.

jueves, 17 de enero de 2019

Marioneta de tela

La marioneta de tela
con los hilos se maneja,
juega se acerca y aleja,
habla, canta y sobrevuela.
Su alegre rostro revela
unos ojos muy vivaces,
y con historias veraces
pregona con el ejemplo,
en tanto yo la contemplo
admirando sus disfraces.









Mención del Jurado IV Concurso de Poesías Decimas.
Tema: Casa de Muñecas.
Incluido en el libro Amanecer.
Mundo Escritura. España. Enero 2019.

miércoles, 16 de enero de 2019

Versos mágicos en la noche

El poeta estaba muy triste en el parque viendo en la soledad de su vida como caía el sol en el ocaso, cuando entre las incipientes sombras de la noche se desató su inspiración. Las palabras lo llamaron y luego de componer unos versos a su amada, apareció mágicamente en la noche la imagen sonriente de ella entre la luna y las estrellas, apaciguando su pena.







Seleccionado VI Concurso de Mirorrelatos.
Incluido en el libro: Inspiraciones Nocturnas VI.
Diversidad Literaria . España. Enero 2019.

jueves, 3 de enero de 2019

Regalo de cumpleaños

Luego de pasar varios años en un reformatorio en una escuela religiosa, ella se dirigió de regreso a su casa natal. Liberada ya del peso de aquel suceso ocurrido en un período oscuro de su niñez, con su mente en paz y despojada de aquellos pensamientos que la acosaban, ella trataría de la mejor manera posible de enfrentar el futuro después de la muerte de sus padres. Al llegar, vio a su tía que estaba esperando su arribo parada en la vereda, frente a la puerta de calle.
― “¿Que había sido de todo aquello?” ―, pensaba, mientras escuchaba a su tía hablar y hablar, después de besarla y abrazarla efusivamente. Estaba cayendo la tarde y al ver el sol acariciando el follaje de los árboles, la imagen de su casa arrancaba de su alma muchísimos recuerdos, aunque algunas cosas habían cambiado. Su tía, le dijo que de golpe surgieron como de la nada camiones y máquinas de la Municipalidad y en menos de una semana asfaltaron la calle.
Habían construido una hermosa vereda de baldosas que abarcaba toda la cuadra, donde unos niños jugaban, correteaban y gritaban como cuando ella era pequeña. Su padre nunca había querido hacer la vereda porque decía que con la calle de tierra no hacía falta, porque si llovía se llenaría de barro.
Recordaba de su infancia algunos instantes de felicidad que nunca el tiempo llegaría a borrar. Por aquella calle polvorienta, el camión regador siempre aparecía en el verano por las tardes y todos los chicos lo corrían alegremente por detrás, hasta llegar a los adoquines de la calle que daba al parque. Y también algunos de tristeza, cuando se hacía tarde y su madre la llamaba para la cena, siempre envuelta en la agresividad de su padre, que exhalaba los vapores del vino barato que bebía.
En aquel tiempo, como vivían en la indigencia y con muy poco dinero, ella no podía tener ningún juguete. Como estaba prácticamente sola porque su madre se la pasaba cosiendo en su casa, salía a la calle vestida de varón buscando entretenerse. Frente mismo a su casa se formaba el centro de reunión de los chicos del barrio. Fue en esa calle de tierra donde los chicos mataban a patadas a los sapos que aparecían después de los días de lluvia, o corrían espantando a los gatos del vecindario.
Su tía que era la hermana de su padre, a pesar de su edad avanzada estaba bastante fuerte aún. Enviudó muy joven y desde entonces, había pasado la vida sola, con el espíritu lleno de pensamientos grises, como de un paisaje de otoño. Cuando murió su padre de un repentino infarto, su tía se trasladó a vivir en esa casa y eso en cierta medida le había cambiado el ritmo triste de su vida, enclaustrada en un departamento.
Le pidió cordialmente que entrara en la casa y le dijo que ya tenía preparada la misma habitación de cuando ella era niña. Recordaba que si bien ahora su tía se mostraba cariñosa, en el pasado siempre la había ignorado, discriminando a su madre y a la vez, había sido cómplice silenciosa de su padre, a quien el trabajo no lo apasionaba y era un permanente habitante del bar. Cuando estaba sobrio tenía la propiedad de ser enérgico y a la vez simpático, galante y comprador con la gente. La mala imagen para los demás siempre la daba su pobre madre con su enorme tristeza a cuestas.
Su padre siempre le gritaba y en forma enérgica la amenazaba con lo primero que tuviese a mano. Esos hechos violentos de su vida repercutieron en la escuela y en esos años las maestras habían tocado varias veces el timbre de su casa, para alertar sobre su actitud agresiva con sus compañeras. Pero la simpatía de su padre y a la vez su firmeza, las dejaba desconcertadas y siempre se iban sin respuestas.
Su madre siempre andaba con cara larga, cuando su padre volvía con demasiado olor a vino.
― ¡La plata no alcanza! ―, le reclamaba ella cuando llegaba.
― ¡La plata no alcanza, porque la derrochas! ―, le respondía él gritando.
Ella los miraba discutir sumamente nerviosa y aquellos gritos perduraban en sus oídos por bastante tiempo.
Luego en completo silencio se sentaban a cenar en la mesa y en la mayoría de las veces para ahorrar dinero eran fideos, con el pesto que hacía su madre aprovechando al albaca que cultivaba en la huerta del fondo de la casa. Su padre comía ansiosamente con su vaso de vino permanentemente lleno. Su madre sufría y solo probaba bocados, mientras ella terminaba rápidamente el plato y después limpiaba el pesto con miga de pan para aprovechar lo poco que quedaba.
Su tía le tomó la mano para acompañarla dentro de la casa y no paraba de hablar. Le dijo que el domingo le había llevado flores a su padre en el cementerio y que estaba un poco descuidada su tumba. Repentinamente le preguntó si lo había ido a visitar y ella le mintió que sí. Pero por nada del mundo pensaba en ir a verlo, mientras en ese momento lo recordaba entrando bebido y enojado en esa casa por esa misma puerta.
En un tiempo su padre había acentuado su agresividad en contra de todo lo que tuviera a su alrededor. Aquella vez que había empujado y tirado al suelo a su madre, ella le pidió que se fueran de esa casa.
― ¿Y adónde nos vamos a ir? ―, le había respondido su madre llorando, con el miedo que le pasara algo a ella, que era lo único que tenía en su vida. Realmente podrían haber ido a cualquier parte, porque en esa vida signada por la violencia, cualquier lado sería mejor y hubiera sido preferible irse, a quedarse en ese barrio con todos los parientes de su padre, que encima la despreciaban y humillaban.
Pero también la habían desahuciado en su propia familia y por eso su madre estaba sola en el mundo. Era hija de judíos y su padre la había desterrado de su hogar para siempre, porque con su fanatismo religioso nunca quiso aceptar que haya quedado embarazada de un hombre como su padre, de vida disipada y ajena por completo a sus férreas tradiciones.
Al salir del reformatorio fue a su madre a quien primero visitó en el cementerio judío, en el pueblo donde vivía de chica con su familia. Allí la había llevado su abuela, a la que la había conocido cuando un día la fue a visitar al reformatorio. Al verla no había podido contener las lágrimas, porque la anciana tenía la misma cara sufrida de su madre. Había recibido durante toda su vida el trato agresivo e intemperante de su abuelo y recién al fallecer éste, pudo rescatar los restos de su madre para traerlos a ese cementerio.
Todo sucedió aquella vez que ella ansiaba para su cumpleaños de trece un hermoso par de zapatos que la había encandilado al verlo en el escaparate de una zapatería de lujo. Pero eran muy caros y ni pensar en pedírselo a sus padres en esos momentos de extrema miseria. Al caer la tarde de aquel día del fin de sus doce años, fue a recorrer negocios sin rumbo fijo, pensando cómo hacer para conseguir esos zapatos de cumpleaños que sus padres no le podrían regalar.
Estuvo mirando algunas vidrieras y ya en el anochecer, cuando estaba regresando a su casa, la aparición de esa viejecita fue un hecho providencial. Estaba muy bien vestida en esa calle vacía y oscura. Se acercó sigilosamente de atrás y le dio un violento empellón, como aquel que su padre le había dado a su madre. Tenía grandes gafas, un bastón y una gran cartera del que le extrajo el dinero. Ni por asomo pensó en ese momento, que esa caída le provocaría la muerte.
Esa noche durmió contenta, porque al día siguiente estrenaría sus zapatos. Para hacer la compra se escapó un poco antes de la escuela. Se los probó y le quedaban muy hermosos, como pintado a sus pies. Se sentía feliz y con el resto del dinero compró un suéter bastante amplio para su madre que estaba embarazada y para su padre una botella de buen vino, aunque más no sea para que no oliera a vino barato.
Su madre con la prenda en sus manos miraba muy asustada aquellos zapatos nuevos, porque estaba segura que algo malo ella había hecho para poder comprarlos.
― ¡Qué angustia tengo! ―, le dijo, mientras la abrazaba fuerte y la acariciaba.
Ella sentía toda la presión de su panza de ocho meses sobre su cuerpo. No se le había ocurrido que pasaría eso, ni su angustia, ni ese abrazo, ni esas caricias. A ella le gustaban mucho las caricias de las manos de su madre, que solo las usaba para trabajar, como si coser ropa ajena fuera la única razón para tener manos. No le dio explicaciones de donde había sacado el dinero, mientras ella seguía mirándola triste y pensativa.
La ayudó a preparar la mesa para comer y cuando llegó su padre con un poco de olor a vino, su madre le susurró algo al oído. Él la miró enfurecido y gritó, pero cuando le fue a levantar la mano, su madre lo atajó como pudo con su panza. Mientras lo contenía, su madre le decía que todo se iba a arreglar y al mostrarle la botella de vino fino que ella le había regalado, se calmó rápidamente y le pidió que se acercara, la miró largamente y la abrazó sin hablarle.
Cenaron fideos con pesto como siempre, pero la mesa de su cumpleaños estaba más alegre y esa noche no había tanto silencio. Ella no paraba de contar lo lindo que eran esos zapatos, el hermoso negocio donde los había comprado y lo buen mozo que era el vendedor que la había atendido. Cuando los agentes de policía aparecieron en la puerta, su madre comenzó a llorar y su padre se puso delante y les pidió que no se la llevaran.
― Es muy buena chica que ayuda mucho en la casa a mi mujer que está embarazada ―, les explicó con convicción, pero sin ningún éxito.
Ella no quería llorar, mientras su madre con su panza a cuestas les imploraba a los policías que no la maltrataran. Cuando salió de la casa todavía a lo lejos sentía los llantos de su madre. Su padre fue con ella a la comisaría donde le dijeron que tenían que esperar. Y después llegó aquella señora maquillada y muy bien vestida que les habló de la ley de menores, la violencia familiar y las malas influencias y le preguntó a su padre si consumía alcohol o drogas.
Hablaba mucho de la familia, mientras ella, que se había mantenido muda, se entretenía mirando sus zapatos nuevos. Su padre mostrando simpatía trataba de conquistarla, buscando disminuir la trascendencia del hecho, como siempre lo había hecho con las maestras. Sin embargo, por más que se empeñara, la mujer se mantenía imperturbable en su cometido de investigar sobre la violencia familiar, hasta que al fin su padre perdió el control.
― ¡Dejé a mi familia en paz! ―, le gritó repentinamente y con furia. Entonces, la mujer asustada, se quedó paralizada y se calló. Ella seguía mirando sus zapatos mientras pensaba que esa señora, con esa distinguida existencia, nunca comprendería que es lo que siente una chica pobre cuando no tiene dinero y desea tener un regalo para su cumpleaños. Finalmente intercedió el Comisario para apaciguar los ánimos.
Recién con el tiempo, en el reformatorio de la escuela religiosa donde la internaron, comprendió que independientemente de la pobreza, el crecimiento en una atmósfera de violencia familiar, envuelta en el miedo, la tensión y la falta de amor de su padre, había influido negativamente en su vida. En aquel entonces, ella no tenía conciencia de que había realizado algo malo y cometido un delito. Sumida por ese clima de permanente violencia, pensaba que lo que había hecho no era nada, simplemente había empujado a una viejita en una calle oscura.
Fue durante su internación que se enteró de la muerte de su madre con su hermanita recién nacida en el mismo parto, y al poco tiempo la de su padre por un infarto, dado que había quedado sumido luego de la muerte de su madre en la completa indigencia y envuelto en el alcohol. Y Ahora ese retroceder del tiempo y la distancia, al retornar al cuarto de su niñez conducida por su tía, le pareció como si el tiempo hubiera estado quieto y no pasara, como si todos esos atardeceres a pesar de ser distintos siguieran siendo los mismos, como si todavía fuese una niña y aún su madre estuviera viviendo junto a ella.






Mención de honor 64 Concurso de Letras para el Mundo.
Instituto Cultural Latinoamericano. Argentina. Enero 2019.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Compra nostálgica

Tenía que hacer tiempo y aproveché para ir caminando distendido por las calles de Buenos Aires y me paré, cuando apareció ante mi vista la vidriera de un negocio de antigüedades. Al principio miré sin mucho interés las cosas ofrecidas, pero poco a poco, mi imaginación se dejó llevar por la nostalgia de los años pasados. Podía percibir el aroma que se desprendía de los viejos muebles, mientras veía una guitarra y un violín, junto con candelabros y antiguos modelos de relojes de pared y de pie.
De pronto sentí una sensación de ansiedad e inquietud cuando la vi deslumbrante, apoyada sobre el cristal de una vieja mesita de luz, junto a una cama de barrotes de bronce, desplegando toda su belleza. La conocí en mi infancia, pero luego con el paso del tiempo la perdí de vista y me había olvidado de ella. Pero ahora estaba allí, como si hubiese resucitado, mirándome y idiéndome que la haga mía.
Entonces tomé la decisión de ingresar y señalándola con la cabeza le pregunté al vendedor el precio y en que estado se encontraba. Me mencionó que tenía poco uso y funcionaba perfectamente y al ser el monto razonable, le dije que la compraba. Fue allí que con una duda reflejada en su rostro me contestó que previamente iba a consultar al dueño, porque le parecía que habían recibido un pedido de reserva por ella.
Demoró unos minutos que me parecieron siglos, durante los cuales me invadieron pensamientos pesimistas, pero cuando el empleado reapareció detrás del laberinto de muebles, una pequeña esperanza comenzó a florecer en mi alma. Al llegar junto a mí esbozó una sonrisa diciéndome que no tenían problemas para vendérmela y le colocó las pilas para hacérmela escuchar.
Mientras la oía, con mis ojos quería acariciar su cuero protector y salí del negocio disfrutando de la compra, con mi corazón latiendo de cariño. Había adquirido una pequeña radio Spica de origen japonés, que quise tanto cuando era niño y que en ese momento la recordaba en las manos de mi padre, cuando en el jardín de nuestra casa, escuchábamos juntos los partidos de fútbol que los domingos relataba el gordo Muñoz.

 










Seleccionado Concurso de Relatos breves.
Incluido en el libro: Recuerdos II.
Letras con Arte. España. Diciembre 2018.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Extraño mensaje

Se despertó en la noche sobresaltado en la cama al sonar su celular que estaba en la mesita de luz, y cuando lo abrió en medio de la oscuridad, constató que había recibido un extraño mensaje que le llamó poderosamente la atención, porque el remitente tenía el nombre de su esposa que había muerto hacía poco tiempo.
Al leer el escueto párrafo que ella le había enviado lo invadió una inmensa sensación de zozobra y luego de pánico. Mientras con un gran escozor leía y releía el mensaje recibido una y otra vez, se sintió de pronto sofocado. Atacado por un fuerte dolor en el pecho, percibió como que su corazón estaba inexorablemente a punto de estallar.
“Te juro que me vengaré desde el otro mundo”, decía el escueto mensaje cuyo texto él conocía muy bien, y que había tratado por todos los medios de olvidar desde que ella falleció. 
Ya con el rictus de la muerte reflejado en su rostro al producirse el repentino infarto, recordaba como si fuera en ese mismo momento, que aquellas fueron las palabras que había pronunciado su mujer postrada en la cama. Cuando ella estaba agonizando con los ojos vidriosos, tubo la percepción confusa, pero reveladora, de que había sido él quien le había suministrado el veneno para matarla.






Mención del Jurado III Concurso de Cuentos breves: Embrujados.
Incluido en el libro Alma embrujada.
Tu Concurso Literario. España. Diciembre 2018.


jueves, 13 de diciembre de 2018

Una flor en el cielo

Sus poemas van volando
recorriendo el universo,
y un bello y sublime verso
en el papel va rimando.
El poeta va flotando
mientras le canta al valor
de la bondad del amor
y la amistad verdadera,
como si al cielo ascendiera
con una preciosa flor.









Mención del Jurado II Concurso de Poesías Décimas: Recuerdos. 
Incluido en el libro Nostalgia otoñal.
Mundo Escritura. España. Diciembre 2018.

lunes, 10 de diciembre de 2018

Es solo un sueño

¿Veo una sombra que se aleja,
o es un coche que se escapa?
La herida apenas duele,
la sangre brota fácil.
Oigo sollozos cercanos.
Por favor … ¡No lloren!
Es sólo un sueño…

¿Veo una nube que se aleja,
o es mi alma que se escapa?
L
a herida ya no duele,
la sangre ya no brota.
Oigo sollozos lejanos.
Por favor … ¡No lloren!
Es sólo un sueño…









Finalista IV Certamen de Poesías.
Incluido en el libro Noviembre.
Letras como Espada. España. Diciembre 2018.