miércoles, 12 de junio de 2019

La justa venganza

En un saloon característico del oeste norteamericano, estaba sentado el sheriff del pueblo jugando a las cartas con sus amigos, mientras tomaba unas copas de whisky. Estaba vestido con una elegante levita negra y tenía puesto su sombrero de ala ancha, pero además de prestar atención al juego, vigilaba la puerta, porque tenía el presentimiento de que tarde o temprano su ex empleado volvería para vengarse.
Se había ubicado en un rincón cercano a la puerta, donde podía tener una buena visión de cualquiera que ingresara al local. Usaba la mano izquierda para sostener los naipes y cuando éstos descansaban sobre la mesa, tomaba con ella el vaso de whisky. De esa manera siempre le quedaba libre la mano derecha, que era la más hábil para desenfundar y disparar la pistola que colgaba de su cinturón.
Con su antiguo y solitario ayudante habían tenido una agria discusión en su oficina y cuando éste se retiraba indignado diciendo que renunciaba, lo llamó y al girar la cabeza para mirarlo, le atravesó la cara de lado a lado con una bala, como un experto tirador que era. El ayudante había quedado malherido y desfigurado, y lo llevaron al hospital de la ciudad más cercana para ser atendido, pero nunca se supo más nada de él. El sheriff argumentó como excusa que se le había escapado el tiro y que no quiso matarlo.
Mientras las horas pasaban en el saloon, al esconderse el sol detrás del cerro, la temperatura comenzó a bajar. Por eso, el ex ayudante que venía montado en su caballo se levantó el cuello del abrigo, mientras observaba al pueblo desde la altura, antes de comenzar el descenso por los senderos que lo llevaban hasta allí. Estaba completamente seguro que su antiguo jefe estaría jugando y tomando whisky en el saloon.
Finalmente llegó al pueblo con las últimas luces del día, y cabalgó por la calle principal, hasta donde estaba emplazado el saloon. Mientras ataba su caballo, una breve sonrisa lo invadió. Había llegado el momento de tomar esa decisión que desde aquel entonces siempre rondaba en su cabeza. Hoy, después de casi un año de la discusión, tenía la posibilidad de vengar ese infierno que empezó aquel día. Luego de superar un largo tiempo de rehabilitación, tenía que soportar ahora la horrible figura que siempre le devolvía el espejo y las miradas de terror que provocaba en la gente.
Se dirigió al saloon caminando lentamente y antes de abrir la puerta para entrar al recinto, desenfundó su arma. Sabía que el sheriff estaría prevenido y era muy rápido con el revólver. En el instante previo a empujar la puerta para entrar, volvió a experimentar la misma indignación de aquella vez cuando dijo que renunciaba y luego esa sensación de que el mundo giraba fuera de control, hasta que finalmente despertó en el hospital. Entonces, al entrar repentinamente y ver al sheriff sentado en un rincón, lo llamó y al girar éste la cara sorprendido, accionó el gatillo a una vertiginosa velocidad y con gran precisión.
En el saloon sólo se escuchó ese imprevisto disparo que le atravesó la cara al sheriff, de la misma manera que éste lo había hecho antes con la suya. Su cuerpo quedó tumbado en la mesa con la cara destrozada y empapada en sangre, mientras todavía sostenían los naipes con su mano izquierda y su pistola a medio desenfundar en la otra. El mundo fuera de control ya había comenzado a girar para él, mientras los atemorizados amigos que lo rodeaban, se preparaban para trasladarlo apresuradamente al mismo hospital de aquella ciudad cercana, donde habían atendido al ayudante.



 

 

 

Concurso Círculo de Escritores de Relatos de Cowboys.

Publicado en el libro: El extraordinario oeste. México. Octubre 2015.

martes, 11 de junio de 2019

Dulce metamorfosis

Al caer en esa tarde tormentosa, la gota de agua percibió una humedad cálida al penetrar en la maraña de sus suaves cabellos negros. Mientras corría protegiéndose de la lluvia, ella agitó la cabeza y entonces, cuando la gota se desprendió hasta su cuello, sintió como su perfume contrastaba con el calor de su piel. Y luego al deslizarse por su cuerpo, mientras la envolvía el palpitar de su corazón, lentamente fue acariciando su pecho, como si en una dulce metamorfosis, fuese un amante enamorado. 















Finalista V Certamen de microrrelatos. San Isidro Labrador
Incluido en el libro: Utopía.
Letras como Espada. España. Junio 2019.

martes, 21 de mayo de 2019

Bicicletas encadenadas

Estaba sentado esa tarde en un banco de un parque del hospital, abordando las circunstancias que habían provocado su actual situación. Su vida estaba sumida en dos mundos distintos. Uno era la realidad de ese momento y el otro, el indescifrable ayer, perdido en su conciencia. Hacía unos días que lo encontraron deambulando perdido por las calles de la ciudad y lo habían internado allí.
La policía había averiguado todos sus antecedentes. Trabajaba como gestor en transacciones inmobiliarias y vivía en un departamento en completa soledad, sin familiar que lo reclamara. Los médicos consideraron que ese estado de shock amnésico había sido el producto de una intensa actividad laboral. Pensaron que dejándolo descansar unos días y aprovechando la tranquilidad que le brindaría su estancia en el inmenso parque que rodeaba al hospital, volvería a recobrar la memoria.
Luego de unos instantes, se levantó del banco para dirigirse hacia la playa de estacionamiento del hospital, que estaba ubicada junto al parque. De pronto se detuvo ante la vista de dos hermosas bicicletas amarradas en un rincón apartado, que le llamaron la atención. Ambas eran de color negro y de similares características constructivas, pero una era de mujer y la otra de hombre. Se quedó pensativo frente a ellas durante un buen rato, porque al mirarlas le surgían algunas señales en su memoria.
Esa inquietud le duró toda la tarde y al llegar la noche, luego de la cena, al ir a su cama y tratar de conciliar el sueño en su habitación, se encontró como flotando en el aire. Soñó que caminaba por la vereda de una calle angosta del centro de la ciudad, con muchos negocios y amplias vidrieras. Al llegar a un edificio destinado a consultorios médicos, vio un cartel que indicaba que uno de ellos estaba en alquiler. Todo el entorno se encontraba rodeado por un extraño silencio. De pronto, divisó en un aparcamiento para bicicletas emplazado frente al lugar en que se encontraba parado, dos bicicletas encadenadas, iguales a las que había visto en el estacionamiento. Después, la imagen se alejó de él y desapareció. Pero al despertarse en la madrugada del día siguiente, ese sueño quedó flotando en su memoria, porque tenía la rara sensación de que él había estado en aquel lugar.
Al levantarse de la cama la inquietud lo sacudió, como deseando sacarlo de ese letargo en que se encontraba, Luego de desayunar, mientras el sol emergía radiante en el horizonte, se dirigió nuevamente hacia el estacionamiento. Allí quedó sorprendido al ver que las dos bicicletas estaban todavía en el mismo lugar. Evidentemente habían permanecido encadenadas durante la noche, sin que los dueños las retiraran. Durante todo el día estuvo tratando de recordar, presintiendo que esas bicicletas eran una pieza de un rompecabezas de algún suceso de su vida, que no podía lograr precisar.
Al llegar la noche, después de cenar y como no tenía sueño, se dirigió al estacionamiento para ver si aún estaban las bicicletas. Comprobó en esa oscuridad tenuemente iluminada por la luna, que permanecían allí como siempre. Entonces, decidió sentarse en un banco del parque, para poder recapacitar mientras esperaba que le vinieran ganas de dormir. Luego de pasar algún tiempo, de pronto surgió caminando como de la nada desde alguna parte del parque una esbelta muchacha.
La mujer se dirigió hacia donde se encontraban estacionadas las bicicletas y se quedó allí parada observándolas. El permaneció inmóvil en el banco, completamente sorprendido, pensando que sería la dueña de la bicicleta de mujer y que pasaba a retirarla. Sin embargo, luego de unos instantes, observó que venía caminando hacia donde él se encontraba sentado. Cuando se acercó lo suficiente y se detuvo muy cerca, pudo distinguir que era una muchacha de una belleza indescriptible y el corazón comenzó a latirle con mucha fuerza.
Luego y sin que pudiera explicarlo, comenzó a excitarse sobremanera, mientras ella lo miraba en forma tan apasionada, que parecía que estuviera atravesando todo su ser. En ese momento, percibió dentro de su pecho una inmensa sensación de amor que lo envolvía. Entonces, ella le pidió que dejara de aferrarse a este mundo y que la acompañara, porque estaba muy sola y sentía que lo necesitaba. Luego se fue alejando en silencio, retornando hacia el lugar donde se encontraban las bicicletas, mientras él, poco a poco se iba reponiendo de ese estado emocional que se encontraba, sin entender y atinar absolutamente a nada.  
Finalmente, la muchacha tal como había aparecido, desapareció de su vista como una exhalación, sin dejar el menor rastro. Entonces, sentado en ese banco bajo la luz de la luna, comenzó a sentir esa particular y ominosa sensación paralizante que produce el miedo a lo desconocido. Después de un buen rato, algo recompuesto de ese episodio tan extraño, en un completo estado de abatimiento, se levantó y se dirigió hacia su habitación en el hospital para tratar de dormir. En su mente rondaban muchas incógnitas. ¿Por qué al ver a la muchacha tuvo en forma tan repentina esa inmensa sensación de amor? ¿Qué quiso decirle ella con eso de permanecer en este mundo?
Con su mente completamente confundida, recién en las altas horas de la noche pudo conciliar el sueño. Y fue en una pesadilla sobresaltada que luego de sentir unas inmensas convulsiones en su cuerpo, pudo finalmente comprenderlo todo. Él estaba caminando hacia la cita concertada para el alquiler de un consultorio desocupado en un edificio destinado a tratamientos médicos, que estaba ubicado en una calle céntrica de la ciudad. Entonces, al llegar, pudo reconocer en la vereda de enfrente a aquella hermosa muchacha, que estaba acompañada por su novio. El muchacho era parapsicólogo e iban a alquilar el local para instalar allí su consultorio. Ambos habían venido en bicicleta y las estaban atando con una cadena en el lugar de la vereda que estaba destinado a ello.
Se disponían a cruzar la calle para encontrarse con él, cuando de pronto, surgió un automóvil a gran velocidad que los atropelló y los levantó por el aire, dándose a la fuga. El quedó paralizado por la sorpresa, pero se repuso y corrió hacia el sitio para auxiliarlos. Quiso agacharse para ver si respiraban esos cuerpos destrozados, cuando quedó paralizado en el sitio al producirse el estertor final del parasicólogo. Entonces sintió como que el espíritu del joven trataba de aferrarse a este mundo y para ello se estaba  introduciéndose en su cuerpo.
Debido a esas circunstancias, observó completamente obnubilado como la gente se arremolinaba junto a él en la escena del accidente y llamaban a la ambulancia. Mientras tanto, cada vez más fue sintiendo que todo se le hacía confuso y poco a poco, fue perdiendo la conciencia de si mismo. Luego, comenzó a deambular por las calles de la ciudad y después de unos días en  un total estado de indigencia lo encontró la policía y decidieron internarlo en ese hospital para su recuperación.
Fue en esa noche que mientras dormía en ese sueño sobresaltado, comenzó a sentir unas inmensas convulsiones en todo su cuerpo. Era como si en ese preciso instante, el espíritu del muchacho estuviera tratando de fugar de su interior, para ir a reunirse con su amada en el más allá. Al despertarse al otro día, se encontró otra vez en este mundo, porque había recuperado por completo su conciencia.
Le contaron que cuando trasladaron los cuerpos a la morgue judicial de ese hospital, todos los efectos personales y las bicicletas habían sido llevados allí. Es posible que también ellas hayan encontrado su destino, porque desde ese día, como nadie las reclamó y la justicia es muy lenta, todavía continúan después de bastante tiempo encadenadas una a la otra. Tal vez, ellas sean tan felices como sus dueños en el más allá, oxidándose juntas a la intemperie en ese lugar apartado del estacionamiento del parque del hospital.


 










Seleccionado I Concurso de relatos
Incluido en el libro: Antología de relatos.
Sinergias Editorial. España. Julio 2008.

lunes, 20 de mayo de 2019

Noche de brujas

Luego de un día de trabajo realmente agotador, esa noche estaba durmiendo envuelto en un sueño pesado, cuando de pronto mi esposa me despertó.
ꟷ¿Oíste eso? ꟷ, me susurró al oído.
ꟷ No, seguí durmiendo por favor ꟷ, le dije manteniendo los ojos cerrados.
ꟷ Es un ruido como de alguien que está abajo en el living.
ꟷ Nadie está allí, es tu imaginación y no me voy a levantar a mirar, porque estoy muy cansado y quiero seguir durmiendo.
ꟷ Está bien, pero tengo miedo.
Esas fueron las últimas palabras de mi mujer que escuché antes de volver a quedarme profundamente dormido. Pero al poco tiempo me despertó sobresaltado un ruido bastante fuerte y al encender el velador de la mesita de luz, vi en el reloj que ya eran las doce de la noche y que mi mujer no se encontraba en la cama.
ꟷ ¿Amor?, ꟷ pregunté, buscándola con mi vista por el dormitorio.
Al no recibir respuesta, comencé a preocuparme.
ꟷ¿Donde estás, ꟷ volví a preguntar elevando mi voz.
Me pareció haber escuchado su respuesta desde abajo, pero era un murmullo incomprensible .
Entonces me levanté de la cama y me acerqué a la escalera.
ꟷ ¿Estás abajo en el living?ꟷ, le grité.
ꟷ Si, me respondió finalmente, pero el tono de esa voz no se parecía al de mi esposa.
Mientras bajaba lentamente por la escalera, aquello me resultaba muy extraño . Al asomarme en el living, vi en la oscuridad a mi esposa, que estaba sentada de espaldas entre las sombras, tenuemente iluminada por la luz de la luna llena que penetraba a través de la ventana.
ꟷ Te dije que había escuchado ruidos y vos no te preocupaste para nada ꟷ, me reprochó.
ꟷ Es que tenía mucho sueño ꟷ, le respondí, mientras entraba en ese local en penumbras.
Ella, permanecía aún de espaldas, pero al girar su rostro hacia donde yo estaba vi que no era el de mi esposa, sino el de una bruja monstruosa que me dejó paralizado de terror.
Fue allí cuando todas las luces se encendieron de repente.
ꟷ ¡Halloween! ꟷ, gritaron todos los invitados que estaban en el living , mientras mi mujer se sacaba la careta.
Ella lo había planeado todo y cuando con mi pijama transpirado me uní a la diversión, fue la mejor fiesta de Halloween que pasé en mi vida.



 








Seleccionado IV Concurso de relatos de suspenso o terror.
Incluido en el libro: Suspense o Terror IV.
Letras con Arte. España. Mayo 2019.

sábado, 18 de mayo de 2019

Sentimientos contrapuestos

Ella acudió puntual a la hora de la cita y se sentó en un banco del parque. De pronto apareció la imagen de él a lo lejos, que caminaba por la senda de polvo de ladrillo y miraba hacia abajo con la cabeza gacha. Tenía el rostro desencajado por la tristeza, por no haber podido cambiar el destino de su vida después de tantos años. En cambio a ella, cuando lo vio llegar se le iluminó la cara de alegría, sintiendo que retornaba a la felicidad de aquel tiempo pasado.














Finalista IV Concurso de Micronarrativas. El presente es nuestro.
Incluido en el libro: Preguntas.
Concursos Literarios en Español. España. Mayo 2019.

Silbando nostalgias

En las mañanas transita por calles vacías
calmando con silbidos su nostalgia interior,
pero en las noches busca olvidar aquellos días
y su mente detesta esa imagen de terror.

Noches interminables para lograr el sueño
hasta que en su dormitorio ya se asoma el sol,
y luego cuando se sienta en ese bar pequeño
ve un gran árbol de roble en su copa de alcohol.

Fue en Guernica, en aquel cruel bombardeo de guerra
cuando en su vida se originó aquella aflicción,
y ocultándose de todos vino hacia esta tierra
para que nadie se apiade de su condición.

Y ahora marcha hacia el trabajo triste y callado
entre seres que nunca lo llegan a entender,
ellos no lo miran porque ya se han habituado
y aquella indiferencia aumenta su padecer.

En las mañanas yendo por las calles vacías
a su patria vasca con su silbar hace alarde,
y repudia en las noches a esas bombas impías
que le destrozaron el rostro al caer la tarde.















Finalista IV Concurso de Poesías. Lluvia de abril.
Incluido en el libro: Lluvia de amor.
Tu Concurso Literario. España. Mayo 2019.

viernes, 17 de mayo de 2019

Un poema, una vida

Buscando el vocabulario
con una inspiración cierta,
trato que entren por la puerta
palabras del diccionario.
Y con estrofas que a diario
utilizo en cada tema,
mi vida se hace un poema
con versos que forman rima,
y ya envuelto en ese clima
siento una dicha suprema.

 












Mención del Jurado V Concurso de Poesías Décimas.
Tema: Un libro, una vida.
Incluido en el libro: Aconteceres.
Mundo Escritura. España. Mayo 2019.

El escenario

Hay una playa donde en suave oleaje
las aguas a la arena van a besar,
y un mar azul que da belleza al paisaje.

En ese paraje mágico, el sol brilla
tras unas hermosas nubes de color,
con pájaros que cantan de maravilla...

¿Pero es verdad o leyenda ese lugar?
me pregunta mi nieto muy intrigado
antes que la historia le empiece a contar.










Finalista V Concurso de Minipoemas. Un libro una vida. 
Incluido en el libro: Aconteceres.
Mundo Escritura. España. Mayo 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Ocaso póstumo

El viejo poeta mira el ocaso
e inspirado en unas nubes doradas,
escribe su póstuma poesía.
Cuando el sol va tornándose rojizo
resplandeciendo ya sin esperanzas,
el poeta concluye su poema.
Y al fenecer el sol en el poniente,
viaja su alma hacia aquel cielo lejano,
envuelta entre las sombras de la noche.














Finalista IV Concurso de Micropoemas. Letras y más letras.
Incluido en el libro: Espejo del alma. 
El Muro del Escritor. España. Mayo 2019.

martes, 14 de mayo de 2019

Polución

Al sol con smog
nunca viene la aurora
a despertarlo.

Con insensatos
polucionado el mundo
ya no hay futuro.

El sol se oculta
enmascarado en humo
en el ocaso.














Finalista Concurso de Poesías Haikus. Mario Benedetti
Incluido en el libro Haikus y Sonetos XXXIV.
Letras como Espada. España. Mayo 2019.

viernes, 19 de abril de 2019

Mambrú regresó para las Pascuas

Había una vez un guerrero inglés esbelto y elegante, llamado duque de Marlboroug, que en una tarde de Pascua se dirigía caminando resueltamente hacia un viejo e inmenso castillo medieval. Era nada menos que el famoso Mambrú, que cuando nadie lo esperaba volvía de la guerra. Había muerto en la batalla de Malplaquet en 1709 cuando se enfrentaron los ejércitos de Inglaterra y Francia durante la guerra de sucesión Española.
Iba por el sendero de la entrada principal, caminando solemnemente con sus botas lustradas, vestido con su uniforme militar azul oscuro, su sombrero, su espada y su chaqueta roja. Unos minutos después llegó frente a lo que había sido su hogar y se detuvo un instante a mirar los añosos árboles y ese sendero sinuoso cubierto de césped.
Luego de golpear con las manos un mayordomo salió a recibirlo en la puerta del castillo muy ceremonioso. Cuando le dijo que era Mambrú el hombre se sorprendió. 
– ¿Mambrú? –, repitió, mientras levantaba la vista. 
– ¿El de esa canción popular que cantan los niños? –, preguntó. 
– Sí,... el que se fue a la guerra –, le contestó Mambrú. 
– Pero esa guerra fue a principios del siglo dieciocho y usted había prometido en aquel entonces que volvería para las fiestas de Pascuas. Sin embargo, cuando todas esas festividades pasaron creyeron que no volvería más –, le dijo esto, recordando aquella famosa canción. 
– Si,  es cierto, pero hoy en este día de Pascua he regresado –, le contestó sonriendo Mambrú.
De pronto apareció en la puerta una mujer muy hermosa vestida elegantemente que lo miró sorprendida. Al verla Mambrú quedó completamente embelezado y rápidamente se dirigió hacia ella muy emocionado, dispuesto a abrazarla y besarla. 
– ¿Eres realmente Mambrú? –, preguntó ella, mientras se apartaba sutilmente. 
– Claro que soy Mambrú, he resucitado mágicamente de mi tumba secreta y he regresado en estas Pascuas para volverte a ver después de partir hacia aquella guerra.
- No sé si sabe que ya estamos en el siglo veintiuno y que yo soy sólo una descendiente de alguna mujer que seguramente ha conocido –, le contestó ella sonriendo y luego de una pausa lo invitó amablemente a pasar. 
– Disculpe mi efusividad, pero al verla pensé que era mi esposa, porque tiene su misma figura –, le dijo Mambrú mientras ingresaba al castillo.
Luego de unos momentos, Mambrú se encontraba sentado en la mesa del gran salón de recepción. Se había sacado el sombrero y su gruesa chaqueta y se encontraba tomando el té con esa bella y joven mujer, acompañados con una deliciosa rosca de Pascua.
Ella se mostraba muy contenta por ese regreso, porque al sacarse el sombrero, Mambrú con su larga cabellera era más apuesto de lo que imaginaba. Hasta entonces sólo lo conocía por los dichos familiares sustentados en aquella vieja canción de niños. 
– ¿Qué pasará ahora que ha vuelto? Seguramente vendrán periodistas de todo el mundo a verlo –, le comentó ella sonriendo. 
– ¿Periodistas? ¿Es que todavía me recuerdan? –, preguntó Mambrú sorprendido.
– Claro Mambrú. Aún no ha desaparecido del conocimiento popular porque está retratado en esa hermosa y pegadiza canción infantil. Todos saben por aquel paje que trajo la noticia, que murió en aquella guerra y que lo llevó a enterrar con cuatro Oficiales y un cura Sacristán –, le dijo ella, rememorando la canción. 
– Entonces tengo que partir rápidamente porque los reporteros de todo el mundo vendrán a acosarme muy pronto para las notas en los diarios, revistas, radios y especialmente la televisión. Querrán saber más y más y ellos siempre acosan a los personajes con sus preguntas –, le dijo Mambrú asustado. 
– Querrán saber como se desarrolló la batalla, quien me mató, como resucité y donde está mi tumba. Preguntarán cual era la identidad de ese paje que le avisó a mi mujer y donde fue el entierro con los cuatro Oficiales y el cura Sacristán. Querrán sacar fotos y efectuar videos con los pajaritos cantando sobre mi tumba y que sé yo cuantas cosas más. 
– Toda esa persecución periodística harían imposible en la actualidad mi vida privada, porque nunca me dejarían en paz –, concluyó. 
– Pero... ¿tiene un lugar a dónde ir? –,  le preguntó ella muy intrigada. 
– Regresaré nuevamente a mi tumba secreta –, y dicho esto se calzó la chaqueta roja que descansaba sobre un sillón y tomó su sombrero para retirarse. 
– Tal vez, algún día resucite nuevamente y vuelva en un momento más oportuno, cuando realmente todo el mundo se hayan olvidado de mí –, le dijo Mambrú, besando dulcemente la mejilla de la mujer como despedida. 
– Aquí seguramente habrá alguna otra mujer esperándolo –, le dijo ella abriéndole la puerta, mientras se le humedecían los ojos de pena por ese guerrero inglés resucitado que se iba de su vida tan poco tiempo después de haberlo conocido.
Y Mambrú se fue caminando por el mismo sendero sinuoso cubierto de césped, donde hace muchísimos años aquella otra mujer muy hermosa lo viera marcharse a la guerra y lo esperó para las Pascuas, pero nunca regresó.

 

Cumbres en penumbras

Luego del ascenso por un sendero escarpado, el viejo escritor ingresó en el cementerio inmerso en ese cerro. Había llegado jadeando y con una puntada en el pecho, tratando de reproducir en su memoria las historias relacionadas con su pasado, las que ahora estaban envueltas en la soledad de su vida.
Todo estaba igual, las flores sobre las lápidas y los cipreses entre las tumbas. Las imágenes de las bóvedas con sus ornamentaciones funerarias hoy le parecían más tristes y silenciosas que en aquellos viejos tiempos. Allí descansaban sus padres y la mujer a quien había amado, a la que abandonó en su juventud, buscando nuevos horizontes para su trabajo de escritor.
Luego de un tiempo de meditación, se dirigió en el cementerio por un camino apartado que daba al precipicio. Fue allí que se quedó ensimismado mirando en el ocaso la magnifica puesta de sol bajo el límpido cielo azul. Tras las cumbres, el sol brillaba como una burbuja rojiza y con su alma poética extasiada, vio como iba cayendo solitario entre las montañas en una lenta agonía.
Luego, ya con las cumbres en penumbras, pensó que para él, igual que aquel sol en el ocaso, también había llegado el instante de la caída final. Y entonces, entre esas sombras incipientes, sofocado y con esa puntada en el pecho cuya intensidad presagiaba el inminente infarto, avanzó decidido hacia el borde del precipicio. Iba a surcar el viento en un vuelo póstumo, para acompañar a sus seres queridos que descansaban en esas tumbas.


 












Finalista IV Concurso de Cuentos breves.
Tema: Surcando el viento.
Incluido en el libro: Hoja muerta.
Tu Concurso Literario. España. Abril 2019.

lunes, 15 de abril de 2019

Su amor es mi poesía

El frío de mi existencia
en su recuerdo se abriga,
y al llegar calor a mi alma
hace que mi pluma escriba.

Y un amoroso poema
en mi soledad se inspira,
llenándose de tibieza
la gelidez de mi vida.

Es que al volver al pasado
en esos cálidos versos,
encuentro su compañía.

Y al percibirla a mi lado,
las estrofas son mis besos
y su amor mi poesía.








Mención del Jurado V Certamen de Poesías. 
Tema: Mujeres Extraordinarias.
Incluido en el libro: Tu luz.
Letras como Espada. España. Abril 2019.

martes, 2 de abril de 2019

Almas patrióticas

En medio de la negra la noche 
envuelta en un viento helado, 
sus mentes estaban alertas.
Provistos de sus uniformes
con sus cascos y fusiles, 
tenían hambre y mucho frío.
Ellos lucharon por Malvinas
y muchos mártires murieron
en esa heroica epopeya.
Ahora sus almas patrióticas
por siempre viven allí
y nunca se han de olvidar.





Micropoesía de homenaje
recordando a los 649 mártires de Malvinas.