Rodeado de compañeros que lo ignoraban por completo, su franca soledad contrastaba con el bullicio de la oficina. Ninguna mirada de aliento se cernía sobre él. Al terminar la jornada, se dirigió a su habitáculo e introdujo en la puerta la clave con su nombre. A solas, como cada noche, albergaba la esperanza de que ocurriera lo que para él era un auténtico milagro. Que un robot tenga amigos.
Seleccionado XV Concurso de Microrrelatos. Pluma, tinta y papel.
Incluido en el libro: Pluma, tinta y papel XV.
Diversidad Literaria. España. Julio 2026.


No hay comentarios:
Publicar un comentario