En
el ocaso el poeta agoniza apenado
y
como si soñara una frustrada ilusión,
aparece
frente a él un planeta amenazado
que
su alma contempla con una extraña visión.
Ve
unos árboles muertos que no esperan otoños
y
no tienen hojas secas que puedan caer.
No
esperan primaveras que le traigan retoños,
ni
cálidos veranos para reverdecer.
Ve
un cielo inmenso con sus estrellas apagadas
y
una niebla que va cubriendo campos desérticos,
con
los cuervos que se van apiñando en bandadas
en
la pestilente carroña de cuerpos muertos.
Ve
que se disipan las luces de los confines
y
que se detienen los cursos de las corrientes.
Como
se acallan las voces de los querubines,
cuando
se silencian los murmullos de las fuentes.
Y
vislumbrando la polución en el poniente
en
ese postrer ocaso, de su postrer día,
el
poeta cerrando los ojos lentamente
aquietó
su pluma, mientras la noche caía.
Finalista
X Concurso de Poesías. Literatura fantástica.
Incluido
en el libro: Donde comienza la niebla
Creatividad
Literaria. España. Enero 2026.