domingo, 18 de marzo de 2018

Lluvia de espinas

Era un día muy frío de lluvia torrencial y estaba citada por la jueza con todos los gastos pagos. Un hombre rubio, como la mayoría de ese país, estaba esperándome en la recepción. Fue al entrar a la sala de espera cuando de repente vi a mi hija, con su tez y pelo oscuro mojado.
Ella no sabía que yo era su madre. Se me acercó rápidamente y con sus pequeños dedos tocó mi vestido y me preguntó quien era, con palabras extrañas para mí.
― ¡Que bonita era la niña!―, pensaba mientras la escuchaba. No supe que contestarle con palabras que le sonarían raras. Ella ignoró mi silencio y siguió jugando con su muñeca. Con un nudo en la garganta entré al despacho y ellos estaban allí.
Mientras firmaba ante la jueza tuve que hacer un enorme esfuerzo para no llorar. Después de todos estos años podría haber sido una buena madre, en un país sin guerras fraticidas, que ahora estaba envuelto en el hambre y la miseria.
Ellos tenían mucho dinero, se abrazaron como la dulce pareja de enamorados que eran y estaba segura que mi hija sería muy feliz.  No pude decir nada y me retiré inmediatamente. Luego de saludar con un gesto al recepcionista, vi a la niña por última vez, quien me miró al pasar, mientras seguía jugando con su muñeca. Yo estaba tan angustiada que ni pude sonreírle.
Cuando salí a la calle a buscar un taxi que me llevaría al aeropuerto, mis lágrimas fueron arrastradas por las heladas gotas de lluvia, que como filosas espinas se clavaban en mi frente.












Finalista II Concurso de Cuento breve: Historias de Amor.
Incluido en el libro: Nocturno de fuego.
Tu concurso literario. España. Marzo 2018.

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