lunes, 30 de octubre de 2017

Un triste día e invierno

El padre estaba tomando un café sentado en la barra del bar, cuando vio por el espejo del mostrador entrar a su hijo con el pelo mojado en ese triste día de invierno de lluvia torrencial, chapoteando y tiritando de frío. Estaba seguro que su hijo no sabía que él era su padre.
El hijo se acercó a su padre y con sus dedos crispados le tocó suavemente el hombro y le dijo “hola” con voz entrecortada y mientras pedía un café al barman, se sentó en la barra junto a él. Estaba seguro que su padre no sabía que él era su hijo.
Como ocurría siempre que se encontraban en ese bar desde el inicio de ese invierno, no supieron que decirse y ambos respetaron el silencio. Después de tantos días bien podría alguno de ellos haber revelado al otro el secreto, pero cuando estaban juntos, siempre se les hacía un nudo en la garganta. El hijo tomó rápidamente el café y luego se despidió con un “adiós”.
Antes de salir del bar, el hijo observó en el espejo del mostrador la imagen abatida del rostro de su padre sentado en la barra, con su frente surcada de arrugas y a su vez, el padre divisó el rostro apesadumbrado de su hijo saliendo del bar bajo esa intensa lluvia, en ese triste y frío día de invierno. 
Por suerte, esta historia tuvo un final feliz en ese mismo bar al llegar la primavera, cuando esas dos almas en pena lograron compartir su secreto.











Seleccionado Concurso Literario de relato breve.
Incluido en el libro Historias de otoño e invierno.
Asociación Letras con Arte. España. Octubre 2017.

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