sábado, 27 de febrero de 2016

Una compañera ideal

Por Internet me contacté con una oficina de informática para que me resuelvan algunos inconvenientes que tenía con mi computadora. Ellos me mandaron una mujer muy hermosa la que me solucionó rápidamente el problema. Después nos sentamos en el sofá y tuvimos una charla cordial e inteligente. Me dijo que le gustaba el arte y la cultura y además de ser una experta en informática, era una excelente ama de casa y cocinaba como los dioses. A mi vez, le comenté que si bien yo era un escritor exitoso, vivía en completa soledad y durante los últimos años los libros de mi biblioteca habían sido mi única compañía.
Fue allí, que en un arrebato desesperado le pedí que se quedara a vivir conmigo, porque ya al conocerla me había dado cuenta que era la compañera  ideal para mí.  Ella me miró muy sorprendida y me contestó que si bien yo era un hombre maduro, le había resultado agradable y simpático. Luego me preguntó bastante expectante que pasaría con mis deseos sexuales si aceptaba mi proposición. Le contesté que a mi edad sólo buscaba cariño y comprensión, aunque debía reconocer que me hubiera gustado mucho hacer el amor con ella.
Entonces, me dijo que yo era un hombre muy sincero y que la había tratado como lo que realmente era, una ginoide hecha a igualdad y semejanza de una mujer. Luego me confesó con una sonrisa, que percibía en su conciencia virtual que se estaba encariñando conmigo.











Seleccionado III Concurso de microrrelatos de ciencia ficción 
Publicado en el libro Novum.  
Ojos Verdes Ediciones (España) Febrero 2016.

lunes, 22 de febrero de 2016

Máscara de amor

En su niñez, el corso estaba justo frente a la puerta de su casa y cuando se realizaban los concursos de disfraces con la elección de la reina y las princesas, ella soñaba que algún día tendría uno de esos hermosos vestidos y sería elegida como la soberana del corso. Pero a ella  nunca la habían disfrazado y estaba perdidamente enamorada de un chico compañero de la escuela, que siempre la había mirado indiferentemente y la trataba como si fuera un amiguito más.
En el día de carnaval, tenía el sueño de convertirse en una adolescente y entonces, a escondidas de su madre se pintó la boca con lápiz labial y se pasó maquillaje de color por las mejillas. La ansiedad le carcomía el alma y cuando comprendió que era el momento, se desvistió y salió al corso, con sólo el antifaz. Corrió desnuda y bailó por la vereda, al principio perpleja y atónita, entre las serpentinas, papel picado y los gritos del corso. La alegría de la gente la sorprendió y comenzó a sentir que la invadía el júbilo inmenso de la fiesta del carnaval, aunque tenía una ansiedad secreta en el fondo de su alma.
Y después de un rato ocurrió lo que deseaba. El compañero de escuela que para ella era un hombre apuesto y esbelto, se le paró enfrente completamente sorprendido y al reconocerla, con una mezcla de broma, picardía y sensualidad le llenó el pelo de papel picado y por un momento permanecieron quietos mirándose, sonriendo y sin hablar. Fue en ese preciso instante que ella, una niña de sólo diez años, en medio de los gritos desesperados de su madre, salió arrastrada del corso y fue encerrada en su casa en penitencia durante el resto de la noche. Pero eso a ella poco le importaba, porque tenía una felicidad inmensa en el fondo de su alma. Había sentido por primera vez en su vida, que tras esa máscara, su príncipe azul la había reconocido como mujer.



Seleccionado para publicación en libro. 
II Concurso Microrrelatos Ediciones Liceus.
“Tema el Amor y sus máscaras”. Madrid. España. Febrero 2016.