miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cambiaría su forma de vivir

Esa tarde fue a visitar a su abuelo que estaba internado en el hospital con la mirada perdida, balbuceando palabras incoherentes. Cuando el enfermero le comentó que el anciano se dirigía hacia un camino sin retorno, le extrañó ver en aquel rostro aflorar una sonrisa que trataba inútilmente de disimular. Para él era el momento de aprovechar su oportunidad y entonces tomó subrepticiamente las llaves de la casa que su abuelo guardaba en un bolso, con el fin de sustraerle el dinero que tenía escondido.
La casa estaba completamente abandonada y ya en el ocaso, buscando entre las penumbras encontró un maletín con una suma de dinero considerable, oculto en un hueco de la pared. Miró el fajo de dinero y estimó que deberían ser más de treinta mil dólares, con el que pensaba saldar todas las deudas de juego que tenía con aquellos seres que siempre lo acosaban y amenazaban. Estaba por cumplir los veinticinco años y quería cambiar su forma de vivir, donde jamás volvería a jugar.
Al  salir con el maletín lo sobresaltó la sensación de que alguien lo seguía, pero al no ver a nadie, pensó que los nervios lo habían traicionado. Se dirigió caminando por unas calles oscuras hacia el centro de la Ciudad, donde tenía su pequeño departamento que había prestado a un amigo hasta la medianoche para una aventura amorosa. Al  llegar al centro decidió entrar en un cine para hacer tiempo, y en la sala que estaba casi vacía se sentó en una butaca cerca del pasillo.
Después que comenzó la película, sintió que alguien se sentaba en el asiento lateral y quedó muy sorprendido al distinguir que era el enfermero del hospital, quien inmediatamente le pasó el brazo sobre el respaldo de su butaca.
― Entrégame el maletín ―, le dijo, mientras sus dedos se crispaban sobre el revólver que apoyaba sobre su espalda.
Desesperado trató de resistirse antes de entregar aquello que cambiaría el estilo de su existencia. Y cuando iba a proferir un grito de auxilio, el brazo armado se tensó y se oyó el disparo que pobló de ecos extraños a toda la sala. Luego el enfermero tomó el maletín y desapareció rápidamente.
Mientras él iba cayendo de la butaca hacia delante, la máscara de la muerte que comenzó a grabarse en su rostro, fue lo primero que notó el acomodador cuando llegó corriendo con su linterna.














Seleccionado III Certamen Relatos.
Incluido en el libro Cambiaría.
Palabras en Flor. España . Noviembre 2016.

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